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domingo, 11 de abril de 2010

Padre, hoy terminó mi matrimonio

Este es epistolario entre una mujer que habla de cómo su matrimonio terminó, lo que siente, sus pesares y miedos, y el sacerdote que le ofrece una repuesta esperanzadora pero a la vez firme y precisa según nuestra fe y el hecho de pertenecer a la Iglesia de Jesucristo.

Muchas veces hemos sido testigos de historias como éstas. ¿Quizá hemos sido parte de una historia similar?. Lo importante es entender lo que se nos propone y el ideal de matrimonio por el que tenemos que luchar. Sé que es muchas veces difícil, pero no imposible.

Como esposos hemos pasado etapas de nuestro matrimonio de oscuridad y desconfianza, cosas por la que nos hemos arrepentido y seguimos adelante con la satisfacción de haber logrado logrado salvar aquella valla.

Leamos estas dos cartas e identifiquemos tanto los errores que como pareja podemos cometer. Más importante, hagamos nuestro el mensaje de esperanza que Padre Sergio nos ofrece a la luz del amor y el amor de Dios por nosotros.

Esta lectura está tomada de Católicos Hispanos…

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Estimado padre:

Hoy terminó mi matrimonio y tristemente no pude hacer nada para evitarlo. Él me culpa de no haber luchado lo suficiente para salvarlo. Mi inseguridad y mis celos echaron todo a perder. El intentarlo una y otra vez sólo me ilusionaba y, al final, terminaba otra vez herida y sufriendo muchísimo por recuperar el amor de mi esposo.

No fue posible; tampoco él no hizo nada para recuperar la confianza que se perdió, ni para ayudarme a creer otra vez. El amor que siento por él es más grande que nada en la vida, pero también el dolor y las heridas son muy profundas; todas sus palabras me han humillado, se ha burlado de mí, me ha utilizado, y sólo para vengarse por no haberle dado un hijo cuando quería.

Desesperación Hoy sólo me queda esperar el consuelo de Dios y la resignación para superar esto que me está matando de dolor. No sé qué hacer, cómo le digo a mi hijo de ocho años lo que está pasando, no sé cuándo sea el momento y cómo decirle que por mi culpa no voy a darle el hermanito que tanto deseaba, ya que por eso se esforzó para hacer su primera comunión. Además, ya tiene una hermanita de dos años, pero es de otra mujer, pues fue la venganza de su papá por no aceptar que yo no le diera un hijo —en su momento se lo expliqué, pero nunca entendió mis razones y me ha cobrado muy caro ese error—. Y a pesar de haber perdido un bebé, después de todo esto, lo culpo a él por haberme hecho enojar al irse con otra, sabiendo que estaba embarazada, y fue tanto mi enojo que aborté el dos de marzo del año pasado.

Ayúdeme padre, estoy totalmente desconsolada, desilusionada, se me va la vida, busco la forma de reponerme y no encuentro nada que me consuele. Veo a mi hijo y sufro más, le pido que por favor me conteste. Sé que no es posible recuperar mi matrimonio pues está muy deteriorado, desgastado por las mentiras, las ofensas y todo lo que hemos vivido. Quisiera pedirle a Dios que me devuelva al hombre del que me enamoré hace 11 años, con el que me casé enamorada para toda la vida, pero ya no puedo vivir así, sé que no es sano para nadie, y mas porque él ya no quiere nada conmigo, está harto de mi, de mi llanto cada vez que hablamos, de las discusiones, pero aún lo amo profundamente.

Le pido a Dios consuelo y que me reconforte de este dolor, que me lo saque del alma y me haga olvidarlo. Por favor padre, interceda por mí, que rectifique su actitud, que busque a Dios, que le ablande el alma, que lo deje entrar a su corazón y que le permita tener paz para que ya no le siga haciendo daño a nadie.

Ahora que mi hijo va a hacer la primera comunión, quizás Dios nos ha mandado muchas señales para rectificar nuestra vida, pero cómo podemos acercarnos a Dios si estamos separados. El sábado nos pidieron que acompañemos a una pareja como padrinos de velación en su boda, ¿cómo hacerle, qué hago padre?, yo estoy en la mejor disposición de aceptar la voluntad de nuestro Señor, pero ayúdeme a entender con sus oraciones y a saber qué hacer en estos casos. Espero su respuesta y discúlpeme por tantas molestias, gracias por atenderme.

Mi querida amiga:

El ideal de un matrimonio para siempre

matrimonio (1) Cuando un hombre y una mujer se presentan ante el altar para unir sus vidas, lo hacen para siempre, hasta que la muerte los separe, en la prosperidad y en la pobreza y en la salud y en la enfermedad. Ese es el ideal y no es inalcanzable, con la ayuda de Dios.

Los sacerdotes celebramos con relativa frecuencia bodas de plata y de oro, y damos gracias a los esposos por haber sabido ser signo del amor de Cristo a su Iglesia. El amor de Cristo no es voluble, es para siempre, pero también constatamos el divorcio, la separación, el abandono, el dolor de la infidelidad.

Un matrimonio ideal, para siempre, exige un gran esfuerzo sostenido de los esposos por seguirse amando cada día y supone, en el plan cristiano, una apertura a la gracia que Dios da a los esposos.

El egoísmo es el principal enemigo del amor conyugal. En el momento en que un cónyuge antepone su conveniencia a la de la familia, en ese momento fracasa el matrimonio. ¡Es difícil que dos sean uno!

La posibilidad del divorcio, en lo civil, facilita el abandono del empeño en salvar las dificultades que se van presentando a lo largo de la vida matrimonial, a pesar de que ambos esposos, cuando se casaron por la Iglesia, aceptaron que su matrimonio sería para siempre. Hacer fracasar un matrimonio por intereses propios denota, a fin de cuentas, falta de fe.

¿Celos o dignidad?

No te sientas culpable de haber hecho fracasar tu matrimonio. Posiblemente tengas tus defectos, pero no es un defecto exigir fidelidad al esposo. No son celos el enojo de una esposa cuando constata que ha sido engañada y rechaza al marido infiel: ¡es dignidad!

No se puede tolerar el compartir al esposo con otra mujer. Lamentablemente la pérdida de valores hace que se acepten situaciones injustas y se aprenda a vivir en la injusticia.

Conozco a una esposa que sabe que su marido tiene no una, sino varias amantes permanentes y, cuando le decimos que no acepte esa situación, nos contesta que a ella no le importa ¡que tiene el orgullo de haber sido la primera! Otra pobre mujer soporta que el marido le haya llevado a vivir a la amante en su misma casa, porque no tiene dinero para sostener dos casas. ¿Eso es amor?

El matrimonio exige exclusividad, por más que la vida moderna nos quiera hacer ver que no es malo el tener aventuras y conquistas extramaritales. El amor conyugal entre católicos es un monopolio válido porque la única cadena lícita es la del amor.

No es por celos que una mujer se separa del marido infiel; es por dignidad.

Los hijos son don de Dios

Cuando ustedes se casaron por la Iglesia aceptaron tener los hijos que Dios les diera y esto no quiere decir que deban tener todos los hijos que puedan tener. Ni la Iglesia ni el Estado pueden decirle a los esposos cuántos hijos tener. Planear la familia es un deber de los cónyuges y deben afrontarlo con un criterio de generosidad al don de la vida. La Iglesia pide a los esposos una paternidad responsable y propone los métodos naturales como aptos para lograr este fin deseable.

Cada hijo es un don de Dios recibido con generosidad para integrar la familia; pero, a veces, en un determinado momento, los esposos no creen conveniente tener otro hijo. No es cuestión de gustos, ni del gusto de uno de los esposos; es una decisión que deben tomar ambos en un diálogo comprensivo. La salud de la esposa es razón suficiente para posponer el momento de tener otro hijo.

No es excusa para la infidelidad el hecho de que el marido quiera tener un hijo más, a como dé lugar, y como la esposa no se lo puede dar lo busque con otra mujer.

El divorcio afecta a los hijos

−Te presento a mi mamá y a Carlos, su nuevo esposo.

−¿Por qué le dices Carlos?, dile papá.

−No, porque es más fácil despedirme de un Carlos que de un papá.

Esta situación es cada vez más frecuente en nuestro México a pesar de ser católico.

Al grito de “tengo derecho de rehacer mi vida” le echamos a perder la vida a los niños, dándoles nuevas mamás y nuevos papás. Todo niño tiene derecho a su propio padre y a su propia madre. La indisolubilidad del matrimonio entre los católicos protege ese derecho de los hijos.

La irresponsabilidad de uno de los cónyuges, su egoísmo, su conveniencia, precipita el divorcio. El cónyuge inocente se verá ante la necesidad de comunicar esta realidad a los hijos y se le complica la situación cuando trata de salvar el amor que los hijos tienen al que se va.

¡Tan fácil que sería decirles: “tu papá se va de la casa porque ya tiene otra casa, otra mujer y otros hijos”! Pues, aunque no se lo digan, ellos no tardan en darse cuenta del verdadero motivo del abandono. Algunos lo comprenden y suelen perdonar. Otros hijos, lamentablemente, hasta lo justifican y lo aprueban.

La mujer sufre el abandono y la traición del esposo al que juró amar y ser fiel para toda la vida. El hijo sufre el tener que pedir como una limosna aquello a lo que tiene derecho: la presencia paternal.

Por más que digan que no, el divorcio daña seriamente a los hijos. Los marca para toda la vida.

¿Cómo se lo vas a decir a tu hijo?

No te eches la culpa de la decisión de tu esposo ni le eches la culpa a él. Sin decir mentiras comunícale a tu hijo la decisión que tu marido ha tomado. Tu esposo, desde luego, le dará su versión y el pobre niño jamás comprenderá por qué su hogar se deshizo. No permitas que te consideren culpable por haber actuado con dignidad y no haber aceptado un adulterio.

Tu vida en los años venideros será el mejor argumento de que tú eres inocente.

Sigue pidiendo por tu marido, por su salvación. Sigue amándolo y siéndole fiel: el hecho de que él cometa adulterio no te libera de tu promesa de fidelidad.

Padrinos

Tú puedes ser madrina de lo que quieras mientras no tengas un amante. La Iglesia pide para ser padrinos ser mayores de 16 años, haber recibido los tres sacramentos de iniciación (bautismo, confirmación y primera comunión) y ser bien casados o bien solteros. Tú eres bien casada. Tu marido ya no.

Cuando los inviten de padrinos, con sencillez explica que él no puede ya ser padrino porque decidió vivir en adulterio. Duele, pero es la realidad.

Enfrenta la vida

Comienzas una nueva etapa de tu vida. Sécate las lágrimas porque no te dejan ver con claridad. Exige, por tu hijo, que tu esposo cumpla sus obligaciones de padre. Busca un trabajo en el que no descuides la educación de tu hijo y acepta que eres una media naranja que lamentará siempre la ausencia de su otra mitad.

No aceptes volver a vivir con tu esposo mientras él no renuncié a su forma injusta de vivir. Por ningún motivo toleres su adulterio.

Acércate más a Dios y ábrete a la gracia y a las bendiciones que te seguirá dando mientras tú seas una esposa fiel y una madre responsable.

Que Dios te siga bendiciendo y fortaleciendo.

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Que el Señor los bendiga y los guarde…

Luis Antonio

lunes, 2 de noviembre de 2009

Padres sí; amigos no

Un maestro nos decía: “antes los hijos tenían miedo de sus padres, hoy los padres tienen miedo de sus hijos” - Mg. Manuel Rodríguez Canales, USP -. Esta afirmación tiene mucho de verdad puesto que la relación padres/hijos a venido desembocando en una pérdida de autoridad debido a la confusión de roles que como padres proyectamos: padres, amigos, padres y amigos, padres que no somos padres porque somos más amigos, etc.

El artículo que compartimos a continuación nos ofrece un punto de vista único respecto a cómo esta actitud paterna se vuelve irremediablemente permisiva. Hemos perdido la brújula de cómo decirles a nuestros hijos cuáles son los límites en su diario actuar.

Artículo tomado del Boletín Pastoral Familiar.

velaLa mayoría de los padres actuales con hijos en edad escolar, pertenecemos a una generación que padecimos una educación con un modelo claramente autoritario y que hoy disfrazamos cayendo en cierta tendencia permisiva con nuestros hijos.

Desde pequeñitos sabíamos lo que estaba bien y lo que estaba mal, hasta dónde se podía llegar ya hasta donde no. En definitiva, nuestros padres nos enseñaron un sistema de valores que conocíamos y entendíamos. Sin embargo la educación, tanto por parte de las familias, como por parte del sistema educativo, se sustentaban en un modelo autoritario. Es decir, se introducían gran cantidad de reglas y normas, esperando una obediencia estricta sin explicación. Las cosas eran así porque el profesor lo decía, porque mi padre me lo había mandado, o simplemente porque sí.

Aún así, el modelo funcionaba. Y fuimos muchos los que sin grandes traumas aprendimos unos principios morales que nos ayudaron no sólo a vivir sino a integrarnos positivamente en nuestra sociedad.

Todavía recuerdo el gran respeto que me producía desobedecer a mis padres. El miedo a hacer algo mal en la calle, y que un señor o una señora me a viesen y me amenazasen con decírselo a mi padre. ¡Qué diferencia con nuestros actuales días!. Te vez que te arañan el coche y si te atreves a decirles algo…, te quedas con el miedo a que puedan decirles algo a sus padres.

¿Y los profesores?. Esos siempre tenían la razón. Si te reñían sería por algo: - ¡algo malo habrás hecho! –. Y que no quisieran hablar con mis padres…

Sin embargo, es cierto que aunque el modelo funcionara, creaba personas temerosas e inseguras. Y que en un mundo racional y en el que cada vez más se trata de convencer y no de imponer, el modelo hacía aguas por todas partes.

Muchos fueron los que se comprometieron que esos comportamientos no los repetirían con sus hijos, y presas de esa corriente comprehensiva y democrática cayeron en nuestro actual padecimiento, el modelo permisivo: el padre colega, el padre amigo o el padre esclavo de su hijo. Se pasó del sometimiento de la autoridad paterna al padecimiento de la tiranía de los hijos.

padre permisivo ¿Y que nos hizo llegar a este error?. Las razones, aunque ya apuntadas, son diversas. En primer lugar deberíamos apuntar al complejo de repetir los roles vividos. En segundo lugar el haber entendido equivocadamente un modelo mucho más difícil de aplicar: el democrático.

Este modelo propugna una transmisión de los valores asentados en la reflexión conjunta padre-hijo. Procura la autonomía de los hijos al mismo tiempo que impone normas y reglas explicando las razones de las limitaciones y prohibiciones y procurando su cumplimiento. Y es esa la parte que algunos padres acostumbran a olvidar, la de exigir el cumplimiento de las normas, aunque posteriormente se le expliquen los porqués.

Otra parte más importante de este modelo es el de la negociación. Los asuntos, problemas, normas… se pueden negociar. Pero negociar es alcanzar por ambas partes acuerdos en las que ambas partes pierden algo en beneficio de un bien común. En esa negociación, es donde debemos hacer ver a nuestros hijos las razones de las normas. Pero además, no todo es negociable, y esto debe quedar muy claro desde el principio. Hay deberes y límites que nunca deben negociarse. Y este es otro error frecuente de los padres actuales. Los hijos deben conocer claramente los límites impuestos, y que éstos tienen un sentido, aceptándolos porque los comprenden.

¿Y en qué situaciones nos hallamos cuando estas normas y estos límites no están claramente definidos?. Es el modelo que frecuentemente se conoce como el permisivo. El padre-colega, víctima de la tiranía de su hijo. Padres que raramente son capaces de imponer límites y normas, y que no son capaces de imponer el cumplimiento de las normas a los hijos. Padres que ceden a los chantajes, a las pataletas y a las imposiciones de los hijos. Y ceden por comodidad, por cansancio o simplemente por impotencia.

Este padre amigo y colega se va haciendo desde que el hijo es muy pequeño, no imponiéndose desde el principio y cediendo a las pataletas. A todos se nos viene a la mente algún espectáculo vergonzoso que hemos tenido que presenciar en algún centro comercial, en el que algún padre se ha visto vencido por miedo a la vergüenza o “al qué dirán” cuando el pequeño ha montado el número. Y es que hay que tener claro que ante estas situaciones, no siendo conscientes que poco a poco irán quedando al margen, no habiendo sido capaces de transmitir a sus hijos unos principios morales que les defiendan de los peligros de la propia vida.

Recuerdo que en mis años más difíciles de adolescencia, un amigo de mi padre le aconsejó con buena intención: – sé más amigo de tu hijo –. A lo que mi padre respondió: – es que no puedo ser su amigo porque soy su padre.

padre e hijoAhora que yo soy el padre, entiendo lo que mi padre quiso decir. Porque es mucho más importante ser padre que ser amigo. También exige mucho más, y sobre todo exige responsabilidad, al mismo tiempo que comprensión y amor. Pero por encima de todo, de mucha capacidad de perdonar.

Se me viene a la cabeza ese dicho que dice: “Ámame cuando menos lo merezca, ya que es cuando más lo necesito”, y que yo utilizaba para explicar a los padres de mis alumnos el momento que se les avecinaba con la adolescencia de sus hijos. Sin embargo, todo ese cariño exige responsabilidad. La responsabilidad de poner límites, de acordar soluciones y sobre todo de responder por los actos personales.

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Quiero complementar al artículo con este video, que en forma de broma, nos habla de cómo el padre después de la pataleta del hijo piensa en cómo no usó un condón para evitar vivir eso…

Se toma una realidad para crear una necesidad!!!!!!!!!!. Y esta triste realidad es que vamos formando hijos que hacen lo que les da la gana y que a la larga nunca sabrán obedecer, no se forjarán la autonomía necesaria para convivir, aquellos límites que los harán actuar.

Que el Señor los bendiga y guarde…

Luis Antonio

domingo, 27 de septiembre de 2009

Sólo le pido a Dios

Continuando con el tema de la convivencia. Si esta no se diera, ¿qué sucedería en la sociedad?. Respondemos:

violencia, muerte, guerra, hambre, sufrimiento, genocidio, llanto, destrucción…

Este video es más que elocuente… vemos con tristeza el camino que la humanidad va tomando por dejar de lado la auténtica convivencia en el amor. Hemos dejado de amar, porque hemos dejado de pedir a Dios, de conocerle, de amarle…

Con la canción “Sólo le pido a Dios” nos muestra lo lejos que hemos ido por la falta de amor.

Por eso es importante que construyamos nuestra relación de esposos y padres desde la armonía, la paz, la tolerancia, el amor. Nuestros hijos nos ven, mostrémosle la adecuada convivencia de los esposos y padres que se aman y respetan.

Hay unas preguntas que al final de este video se presentan. Respóndelas desde la perspectiva del amor y de sentirnos hijos de Dios. Hijos que vivimos en una “casa global” que es la creación, la cual tenemos que cuidar adecuadamente.

Que el Señor te bendiga y te guarde…

Luis Antonio

Enseñemos a valorar la convivencia humana

¿Por qué tenemos que enseñar a nuestros hijos la convivencia?. Este clip animado nos muestra a maravillosamente aquellas actitudes humanas que nos hacen menos y que reflejan el poco valor que tenemos sobre la convivencia, vista esta como uno de los pilares fundamentales de la sociedad, donde la persona demuestra esa voluntad expresa y decidida de vivir con otros seres como él, basándose en el respeto, la tolerancia, en una palabra, en el amor.

Ser persona significa vivir entre y con otras personas. Dios lo quiso así desde la creación del hombre: “no es bueno que el hombre esté solo…”. (Gn 2,18). Recordémoslo.

En wikipedia encontré esto:

El ser humano tiene dos necesidades sociales básicas: la necesidad de una relación íntima, estrecha con un padre o un cónyuge y la necesidad de sentirse parte de una comunidad cercana e interesada por él. Somos fundamentalmente animales grupales (yo diría seres sociales) y nuestro bienestar es mucho mayor cuando nos encontramos en un ambiente armónico, en el cual vivimos en estrecha comunión.

En la escuela se refuerza este valor, se refuerza no se crea porque el mismo nace del ejemplo del hogar, de la convivencia entre padres e hijos, entre familiares, vecinos, amigos, etc.

Como docentes “luchamos” muchas veces contra las actitudes de nuestros estudiantes que no hacen otra cosa que separarse más por la violencia, intolerancia, falta de respeto que se vive en el aula. ¿Será que los niños y jóvenes vienen “cargados” con esas actitudes negativas por lo que ven y sienten en casa?.

En el post “children see, children do”, veíamos que el ejemplo negativo de los padres queda en el recuerdo de sus hijos, que se repiten como círculo vicioso. Entonces, afirmamos lo dicho anteriormente.

Es nuestro deber procurar que nuestros hijos convivan en la felicidad y la armonía, aceptando a los otros, siendo civilizados donde el trato mutuo se base en la práctica diaria de los valores. Se tiene un post sobre los valores para lograr la felicidad. No les dejemos toda la responsabilidad a los queridos maestros de la escuela.

Aquí el famoso video.

Mira con atención las expresiones de los pequeños alados, lo que hacen, piensan, animan, imitan, etc. Cuántas veces hemos hecho lo mismo!!!!!!!!.

Actividades:

  1. Compártelo con los seres a quien amas.
  2. Obsérvalo junto a tus hijos y charla con ellos al respecto.
  3. Pide perdón por aquellos momentos que no has sabido convivir, y si puedes, pídele perdón a aquellas personas a quienes has hecho sentir mal con esas actitudes negativas.

Que el Señor los bendiga y los guarde…

Luis Antonio

jueves, 17 de septiembre de 2009

La honestidad, un valor fundamental hoy en día

Hace unos días se me pidió averiguar quién o quienes habían realizado inscripciones en las paredes del colegio. El temor de los grupos y pandillas está presente en todo ambiente educativo en nuestra América Latina. Recordemos que ciertas inscripciones son símbolo de poder, propiedad, límites y demás.

Bueno, las indagaciones me llevaron a llamar a un grupo de estudiantes de secundaria, preguntamos, inquirimos. La respuesta: nosotros no fuimos, a pesar que son jóvenes que se identifican con un grupo en especial.

Cuál sería mi sorpresa cuando se acercan dos señoritas de otro grado y sección para decirme que ellas eran las “culpables” y creadoras de dichas inscripciones y que los jóvenes a quienes sindicábamos eran inocentes. Qué alegría saber que lo que venimos inculcando vamos ya cosechando, que podemos creer en los jóvenes, que los valores que cada día tratamos de propagar con el ejemplo se están haciendo realidad entre nuestros estudiantes.

El mensaje que a continuación comparto con ustedes es un relato que podemos compartirlo en cada momento con nuestros hijos y con todas aquellas personas a quienes amamos, para enseñar la importancia de la honestidad entre los hombres, donde el engaño y la mentira es lo malo y lo que jamás nos llevará a la felicidad y la verdadera libertad.

La honestidad

Se cuenta que allá para el año 250 a.C., en la China antigua, un príncipe de la región norte del país estaba por ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, él debía casarse.

principe chino Sabiendo esto, él decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta. Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío.

Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe.

Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración. Sin poder creerlo le preguntó:

- ¿Hija mía, que vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura. Y la hija respondió:

- No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz.

Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones.

Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío:

- Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será escogida por mí, esposa y futura emperatriz de China.

La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean costumbres, amistades, relaciones, etc.

El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado.

Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo.

Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado. Consciente de su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas, sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos.

En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores.

Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella. Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado.

Aquella bella joven – la del vaso vacío - sería su futura esposa. Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada.

Entonces, con calma el príncipe explicó:

- Esta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad. Todas las semillas que entregué eran estériles.

Si para vencer, estuviera en juego tu Honestidad, entonces pierde. Así, serás siempre un Vencedor

Estoy seguro que ambas jovencitas, mis estudiantes, vencieron muchas cosas con su honestidad. Sabían que recibirían una sanción, que irían a la Dirección, y que su nota de conducta no sería la más adecuada, pero más importante para ellas ha sido ser honestas consigo mismas y con la comunidad educativa a la cual pertenecen. Para mi, aplausos para ellas. Felicidades!!!!!!!!!!.

Compartamos este mensaje…

Que el Señor los bendiga y los guarde…

Luis Antonio

domingo, 23 de agosto de 2009

Lo que los hijos ven, los hijos hacen

En nuestra serie de videos que nos ayudan a reflexionar nuestro rol como padres de familia presentamos ahora “Children see, children do - lo que los niños ven, los niños hacen”.

Démonos cuenta que parte de nuestra forma de ser es legado de cómo fueron nuestros padres. La forma de llamar la atención, la forma de ser en casa, de compartir con la familia, de estar en la mesa al momento de almorzar.

Nuestros hijos ven lo que hacemos. Seamos cuidadosos, y no solamente en casa, sino en todo lugar. Seamos verdaderos padres que basados en los valores humanos construimos nuestro proyecto de vida y nuestro proyecto de familia.

Mucha de la forma de ser en casa, recordando aquel refrán “oscuridad de la casa candil de la calle”, se debe a las frustraciones que anidan en nuestro corazón debido a la falta de una verdadera comunicación entre la pareja y con los hijos.

Cuando preguntemos por qué del comportamiento de alguno de nuestros hijos, preguntemos primero que hemos estado haciendo en la última semana como esposos y padres, como persona o como cristiano si queremos relacionar un nivel más espiritual.

Compartamos este video a quienes creamos que también necesitan verlo…

Al ver el final del video me recuerda mucho de la violencia dentro del seno familiar que se vive en Perú y en todo el mundo. ¿Acaso no se podrá desterrar de nuestra sociedad la violencia familiar desde la misma familia?. Por supuesto que si. Logrando la de felicidad personal y familiar lograremos eso. Piénsalo. Antes de hacer algo piensa en tus hijos, que eres ejemplo máximo para ellos. No los defraudes.

Actividad:

  1. ¿Qué otro mensaje sacas de este video?

Que el Señor los bendiga y los guarde…

Luis Antonio

viernes, 7 de agosto de 2009

Escala de valores en una familia

Esto lo comparto con ustedes. Me parece importante reflexionarlo personal y familiarmente. Al final del artículo hay una serie de actividades que nos pueden ayudar a reforzar el tema planteado.

El autor de este artículo es el P. Felipe Santos y la fuente es  “mensajes pan y vida”.

Disfruten la lectura…

vela 

Decía Clemenceau, político francés:

“Es preciso saber lo que se quiere; cuando se quiere, hay que tener el valor de decirlo, y cuando se dice, es menester tener el coraje de realizarlo”.

j0386389No debes quejarte nunca ante tus hijos del momento por el que atraviesa la sociedad.

Sabes de sobra que si no los educas en el seno del hogar, el consumo y los valores que el mundo actual les presenta al chico o a la chica, no son los más ideales y preciosos.

Esta escala de valores es una siembra lenta. No lo olvides. Pero siembra. Desde que son pequeños hasta que son jóvenes. Por eso, amigos padres, es preciso que sepáis lo que ambos queréis para vuestros hijos. Y después de saberlo en la comunidad de la casa, reforzar vuestro valor para decirlo y exigirlo.

1. El valor. El valor es clave en la vida del hijo/a. Si los educáis en el temor, les costará después vivir oxigenados, tranquilos y serenos, una vez que las dificultades de la adolescencia hagan acto de presencia en sus vidas.

2. Seguimiento. Es curioso que mientras el hijo/a son pequeños, se les atiende en sus necesidades fundamentales. Los padres se sienten muy a gusto. Todo son recompensas: se muestran simpáticos, cariñosos y alegres. Pero cuando les llega la edad del “ pavo”, todo son dificultades. Los padres, muchos, empiezan a sentir el cambio en su cuerpo y en su forma de pensar y de criticarlos a ellos, a la sociedad y a los maestros.

Es justo en esta edad cuando hay que estar cerca de ellos para orientarlos, abrirles los ojos ante muchas realidades que son nuevas para su cuerpo y para su alma.

3. Diálogo. Es muy importante dedicar a esta edad más tiempo que cuando eran pequeños. Necesitan de los adultos ahora más que nunca para sembrar en su mente criterios sanos que les hagan reaccionar ante el mundo de la calle, las amistades alocadas o peligrosas con las que se pueden juntar. No hay mejor tiempo que el que se pierde con los hijos a esta edad.

Muchos chicos y chicas de esas edades suelen decir a los maestros o personas adultas de confianza, que sus padres no los entienden. ¿Será verdad? No se puede afirmar que tengan toda la razón, pero cuando la queja es generalizada habrá que prestar atención a lo que dicen.

Muchos se quejan de que no tienen confianza con los padres porque no están al loro de lo que pasa hoy a la juventud. Y puede que tengan parte de razón. ¿Qué padre, además de escuchar a los hijos, lee libros sobre la marcha del mundo joven? No os piden que hagáis sus cosas, sino que les comprendáis. Y comprender para ellos significa sobre todo y ante todo escucharlos en sus necesidades materiales y espirituales.

4. Responsabilizarlos. Un tema que sirve de apoyatura a muchas críticas a la juventud actual. es su falta de responsabilidad. Sois unos padres magníficos, pero la gran preocupación que detectan los hijos, es que os preocupáis en exceso de tener muchas cosas, aun con detrimento de ser felices en el hogar. La responsabilidad es la mejor respuesta que damos a una libertad auténticamente orientada. No seáis blandos. Mientras que no hayan cumplido son su deber, no ceder. Esto requiere mucha constancia.

5. Exigencia. La constancia en exigir los deberes que tienen que llevar a cabo, es una tarea de los dos cónyuges. Es curioso observar cómo el chico o la chica saben buscar los puntos flacos del padre o de la madre para salirse con las suyas. Tened en cuenta lo que dice la señora Arconville: “El amor o la amistad que no exige nada ni se queja nunca es casi siempre un amor o una amistad débil”.

6. Disciplina. El gran problema que os presentan a esta edad difícil de cambio, es la falta de disciplina. Fallan en los estudios, no porque sean torpes, sino porque les falta disciplina mental, concentración en el estudio. Es curioso hoy ver a muchos que estudian con los auriculares puestos o con la música de fondo o la TV. Se ha comprobado que, salvo excepciones, el chico atiende un poco a la materia que estudia y otro poco a la música. Total: fuerza cerebral dispersa.

Tenéis que exigirles disciplina. ¿Sabéis por qué? Porque es su mejor éxito personal. Lo afirma Truman Capote: “La disciplina es la parte más importante del éxito”.

Da pena contemplar una clase de chicos/as adolescentes. Les cuesta concentrarse un montón en las explicaciones del profesor. Tienen una mente muy dispersa. Se pasan 6 horas en el banco de la escuela, instituto o colegio y, sin embargo su aprovechamiento es sólo de un 20%. El resto tienen que hacerlo en casa, pero como no han estado atentos a las explicaciones, ahora les cuesta horas y horas ponerse al tanto.

Normalmente, se puede decir que no es posible aprobar. Y la prueba es la inmensa cantidad de suspensos que hay entre ellos y ellas( éstas, menos).

En casa tiene que haber disciplina. Otro escritor americano afirma a este respecto: “Para ser grande hace falta un 99 por 100 de talento, un 99 por 100 de disciplina y un 9 por 100 de trabajo”.( Falkner William).

7. Respeto. Hay muchas quejas en el mundo actual acerca de la falta de respeto de cierta juventud. Desde luego, como no encuentren en la casa un contrafuerte que haga resistencia a la gran influencia que tiene la calle sobre el hijo/a, os va a costar mucho que no asimilen lo malo de la sociedad. Sabéis que es una edad en la que se dejan influencia mucho y, a veces, más por lo negativo que por lo positivo.

j0308976 Tenéis que sentaros a hablar muchas veces acerca de su comportamiento en casa y fuera de ella, para que no haya dicotomía en sus personas. La confianza que se logra con el diálogo y la apertura al mundo afectivo, amical, estudiantil son claves para que tengan un vocabulario correcto y para que puedan presentarse ante cualquiera sin miedo a que digan una patochada que han aprendido en la calle, en el pub, la discoteca o con la pandilla de amigos.

Tenéis que haceros respetar en casa. Y no dejar pasar una. Cuando ven que sois intransigentes, (pero tolerantes en el diálogo y en los valores), entonces se dan cuenta en seguida y recapacitan. Nunca les riáis las gracias cuando digan palabrotas, sobre todo cuando son pequeños. El filósofo Francis Bacon dice: “El respeto a sí mismo es, después de la religión, el freno principal de todos los vicios”

No creáis que lo saben todo. Se debe educar en las formas, en la urbanidad y cortesía. Podéis ponerles muchos ejemplos: dejar la acera al anciano, el asiento del autobús a la persona mayor, no hablar mientras otro lo hace...

8. Sacrificio. Joaquín Azpiazu dice: “El amor es sacrificio, no egoísmo; quien busca en el amor su propia complacencia va tras lo que ansía loca e irracionalmente: es egoísta”.

Afirmación de muchos padres: “No quiero que mi hijo/a sufra lo que yo sufrí a su edad”. Falso, aunque se haga con la mejor buena voluntad del mundo. El hijo/a que no tiene ninguna privación, sino que lo tiene todo, no madura en su personalidad. Por eso es frecuente ver hoy a mocetones hechos y derechos que tienen una edad psicológica inferior a la edad cronológica. El bienestar no crea nunca fuertes personalidades. Para tener éxito en la vida y sentirse plenamente feliz, hay que saber renunciar a muchas cosas. La gran frustración que sienten algunos chicos y chicas es ésta:” Mis padres me lo dan todo, excepto a sí mismos”.

Educar en el bienestar como bien supremo es como cortarles las alas para que ellos aprendan a volar por sí mismos. Recuerda lo que decía Carles Hodding, periodista americano: “Solamente dos legados duraderos podemos aspirar a dejar a nuestros hijos: uno, las raíces; otro, alas”.

Y vosotros, sin embargo, os matáis por dejar mucho dinero, el piso puesto para cuando se casen, la mejor boda, la más lujosa de las primeras comuniones...Y ellos, sabiendo esto, se dedican a gastar y a fundir el dinero. Más que dedicarse a acumular riquezas para dejarlas a otros, gastad el dinero en vida para que tengan una buena educación. Te parecerá fría y dura la afirmación del periodista. Si la piensas bien, no lo es. El periodista americano no era ningún tonto.

9. Religión. Un ministro de Educación fue a visitar una escuela salesiana cuando vivía san Juan Bosco. Se quedó admirado al ver el orden, la amistad, el compañerismo y la cordialidad entre todos los jóvenes. Se acercó al santo y le preguntó:¿ Cuál es el secreto de este ambiente para que lo lleve a Inglaterra? Don Bosco, mirándole los ojos, le dijo: El mundo religioso. Estos jóvenes hablan con Jesús como con su amigo; quieren mucho a la Virgen Auxiliadora. Las otras dos columnas sobre las que se apoya mi sistema educativo son el amor y la razón. Quien no ama no puede ser padre ni educador. Progenitor lo es cualquiera. La razón busca dar razones al joven para que sepa vivir por sí mismo sin la vigilancia de nadie.

j0430616 Esta sociedad en la que vivimos, se jacta de ser indiferente o atea. Pasa olímpicamente de la religión, de Dios, de la Iglesia, de las instituciones...de todo menos del consumo absurdo y placentero. Cuando el niño llega a adolescente, comienza a pensar en todo. Deja la práctica y vivencia religiosa.

¿Por qué has dejado de vivir la religión?, le he preguntado muchas veces a muchos jóvenes. La respuesta, en la mayoría de los casos, ha sido ésta: “Si mis padres no van, ¿por qué voy a ir yo? No debe tener mucha importancia cuando ellos no van nunca”.

Sí que van a los horoscopistas, quiromantes..., psicólogos, psiquíatras... Esa es ahora su religión. Es lo que decía Burke Edmund, el político inglés: ”La superstición es la religión de los espíritus débiles”. Los psicólogos y psiquíatras no son especialistas en temas del alma ni en la religiosidad trascendental”. O bien lo que afirmaba su compatriota Carl Caleb Colton: Los hombres reñirán, escribirán, lucharán, morirán por la religión; todo excepto vivirla”.

Una educación sin el soporte ético, moral y religioso no tiene consistencia. Un Estado donde la religión es prohibida, se olvida o no se practica, nunca puede ser bien gobernado. Esto mismo se puede aplicar a la familia.

10. Equilibrio. Una queja bastante frecuente de los chicos y de las chicas, es que les molesta mucho veros discutir en alta voz, enfadaros, gritaros, insultaros...ante ellos. Comentan que habéis perdido el equilibrio en vuestras relaciones de padres.

Es así como surgen o se hacen chicos/as irascibles, enfadadizos, descontentos, insatisfechos, frustrados...No hay cosa que peor les siente que les deis voces o gritos. Vale más la dulzura que el vocerío.¿No chocáis a menudo por menudencias? Ya sabéis que el choque de las opiniones contrarias hace desaparecer los visos de la verdad.

Habla a solas con tu hijo/a. Contadle vuestros problemas de padres. Ya no son unos críos. Si tenéis la humildad de reconocer vuestros fallos ante ellos, se sentirán aliviados y hasta os ayudarán a superar las crisis. Decía Jules Berger: “La paz verdadera no es únicamente el equilibrio de potencias sino esa gran alegría de vivir en la amistad o en el amor”. O la idea de Claude Levy- Strauss: “La autoridad es el equilibrio de la libertad y del poder”. Por tanto, si los padres ostentáis el poder, debe brillar en vosotros un gran equilibrio, síntoma de vuestra madurez. Hay padres que envejecen pero no maduran.¡ Vaya por Dios!

Puntos para el diálogo

1.¿ Qué valores transmiten ustedes padres a los hijos?
2.¿Se detienen de vez en cuando para examinar vuestra obligación fundamental?
3.¿En qué valor suelen fallar más a menudo?
4.¿Reconocen vuestros errores ante los hijos?
5.¿Mantienen la autoridad unidos a una sola idea?

Que el Señor los bendiga y los guarde…

Luis Antonio