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martes, 10 de noviembre de 2009

Belleza y espiritualidad del amor conyugal

Este artículo lo transcribo tal cual para su deleite espiritual en nuestra dimensión conyugal…

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Una inédita y excepcional Regla para los esposos escrita por el cardenal Karol Wojtyla, descubierta recientemente

Por Gilberto Hernández García

Vivir en la pareja el verdadero camino de la santidad. Esta es la regla de vida de Juan Pablo II para los esposos, que recientemente ha sido presentada en la Pontificia Universidad Lateranense. «Belleza y espiritualidad del amor conyugal» es el volumen que reúne tres textos inéditos del entonces cardenal polaco Karol Wojtyla sobre la espiritualidad familiar.

Se trata de un excepcional texto que el futuro Papa tituló «Regla para el grupo de parejas de esposos Humanae Vitae», y fue encontrado por un alumno polaco del Pontificio Instituto Juan Pablo II, en el archivo de la arquidiócesis de Cracovia.
La Regla para los esposos, tanto como la iniciativa de los grupos Humanae Vitae, nacieron a finales de los años sesenta inspirados en la célebre encíclica de Pablo VI, y constituye una idea original y sin precedente en la Polonia comunista de aquellos años, nacida de la experiencia y de la amistad con los jóvenes estudiantes universitarios de Srodowisko, «El ambiente», el grupo en el que nació la pastoral familiar y la espiritualidad del amor conyugal del futuro Papa Juan Pablo II.

esposos El texto no sólo revela el mismo sentir de estos dos grandes pastores de la Iglesia católica, sino también comporta una extraordinaria actualidad. El futuro Papa sostiene la convicción de que el matrimonio cristiano puede realizarse solamente como experiencia de una sociedad distinta de la común. Hay una preocupación profética por la crisis de los valores, que marca el destino de la sociedad occidental y de sus modelos.

El cardenal Karol Wojtyla explica que la santificación de la pareja se refiere a todas las dimensiones de la vida, a lo ordinario, a las cosas de cada día, que van de la mañana hasta la noche. Por eso la teología del sacramento del matrimonio no es un conjunto de cosas: como el deber, las prohibiciones, las devociones... sino vivir todo eso con fe.

La Regla del Papa polaco se dirige no a los cónyuges como personas individuales sino como pareja;  exhorta a las parejas a reunirse en grupos dedicados a reelaborar el modelo de vida conyugal y familiar para descubrir y vivir el profundo significado  espiritual que ella entraña.

En suma, de la Regla para los esposos emergen tres puntos fundamentales: el amor siempre necesita una regla porque no es únicamente un sentimiento sino la libre donación de sí mismos que entra en el ámbito de la responsabilidad; en segundo lugar, la regla solo puede vivirse en dirección hacia lo ideal y por lo tanto en la perspectiva de una espiritualidad; y, por último, se puede tender hacia la espiritualidad y vivir la Regla sólo si existe un ámbito de comunidad que acompañe a la familia creando una «familia de familias».

Camino hecho «a dos»

Según los estudiosos de la obra de Juan Pablo II, el pontífice escribía que en aquellos años, para él, lo más importante eran las cuestiones que los jóvenes se planteaban sobre cómo vivir, cómo afrontar y resolver los problemas relativos al amor y al matrimonio. Esas dudas le indicaron un camino también a él.

La fuente para el cardenal Wojtyla fue siempre la experiencia que une la dimensión del encuentro personal, la historia, la cultura, la oración y la mística. Gracias a esta experiencia reconocía a la Trinidad en el camino del hombre y la mujer; y en el sacramento de su amor descubría a Cristo esposo y a la Iglesia esposa. Esta es la idea de fondo de su espiritualidad del amor conyugal: El camino de la pareja es un camino hecho «a dos», en una comunión que encarna el amor esponsal de Dios.

Przemyslaw Kwiatkowski, candidato a doctor por el Pontificio Instituto Juan Pablo II y quien encontró el texto inédito del cardenal Wojtyla, en entrevista con Radio Vaticano habla sobre «el corazón» de la Regla de los esposos:

«El entonces cardenal Wojtyla, de modo valiente, dice sí a la verdad de la encíclica Humanae Vitae, y la dice de manera muy concreta, proponiendo un modo de vida: un grupo de parejas de esposos que vivan esta espiritualidad.

«El texto habla de la espiritualidad conyugal, es decir de la vida espiritual, experimentada de modo muy particular en la vida de pareja. Esta espiritualidad tiene que vivirse por ambos esposos, no solamente por parte de la mujer o del marido. Más aún, esta espiritualidad no tiene que encerrarse en la relación esposo-esposa, sino que se tiene que extender a un grupo de parejas que viven juntas, oran en conjunto y en conjunto quieren también hacer apostolado».

Madurada en la cura de almas, del párroco y del obispo, esta Regla del cardenal  Wojtyla proyecta sobre el tormentoso horizonte de la sociedad secularizada y multirreligiosa del tercer milenio la imagen del cristianismo, que en el matrimonio y en la familia extiende y afirma la dimensión trascendente de la vida humana.


Regla de Karol Wojtyla para los esposos

La presente Regla surge de una serie de experiencias con algunas parejas de esposos y, al mismo tiempo, sobre la base de la experiencia matrimonial de las parejas mismas. Nace contemporáneamente a la publicación de la encíclica Humanae Vitae, la cual propone a las parejas y a sus pastores las exigencias evangélicas de un matrimonio auténticamente cristiano. El grupo de parejas que adopta esta regla podrá tomar, por consiguiente, el nombre de Humanae vitae.

Juan_Pablo_II3 La regla se dirige a las parejas matrimoniales en su integridad y no de manera individual a los cónyuges. Es importante, en efecto, que ésta sea adoptada y practicada por las parejas de esposos y no por los maridos o por las esposas sin el compromiso de sus respectivos cónyuges.

En principio, la regla compromete a los esposos sólo a la vida según las normas de la moral cristiana que atañen al orden de los Mandamientos; no obliga, en cambio, a la vida según los consejos evangélicos estrictamente entendidos. En sentido estricto, en efecto, la realización de los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia puede darse sólo por aquellas personas que son llamadas a la vida religiosa. Sin embargo, la experiencia de la vida conyugal demuestra que la observancia de las reglas morales anunciadas por la Iglesia no es posible sin un cierto grado de ascesis; las parejas de esposos pertenecientes a los grupos Humanae vitae deben, por lo tanto, reflexionar sobre cómo poner en práctica el espíritu de los consejos evangélicos.

El fin particular de los grupos Humanae Vitae es el continuo compromiso hacia la actitud espiritual, a fin de que la enseñanza integral de Cristo Señor sobre el matrimonio y la familia, anunciada por la Iglesia, pueda cumplirse en su matrimonio con plena comprensión y con pleno amor.

Se trata, por tanto, de formar una adecuada espiritualidad –es decir una vida interior– que permita configurar la vida conyugal y familiar de modo cristiano. Tal espiritualidad no puede existir en una forma definitiva, sobre el modelo de las congregaciones religiosas, sino que  debe ser constantemente reelaborada.

La reelaboración de la espiritualidad es otra tarea importante de los grupos. Un medio para esta reelaboración es la puesta en práctica por parte de cada pareja de aquellas actitudes espirituales mencionadas arriba.

El segundo fin particular de los grupos Humanae Vitae es el apostolado. Aunque aquí no son decididas las formas precisas. Sin  embargo, las parejas de esposos que formen parte de los grupos asuman el compromiso de un determinado apostolado y, sobre todo, de la oración constante a favor de las otras parejas de esposos y por la fundamental cuestión del matrimonio y de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo. La forma de los diversos modelos de apostolado o de la oración tendrá que elaborarse progresivamente.

Se deja a las mismas parejas de esposos la decisión de comprometerse a realizar las tareas delineadas por medio de una promesa particular.

Traducción del italiano de Gilberto Hernández García

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Que el Señor los Bendiga y los Guarde

Luis Antonio

Oración de los Esposos

joaquinyanaEsposos Joaquín y Ana, padres de Santa María

Señor haz de nuestro hogar un refugio de tu amor.

Que no haya ofensa, porque tú nos alientas.

Que no hay amargura, porque tú nos alientas.

Que no haya rencor, porque tú nos dar perdón

Que no haya desaliento, porque tú estás con nosotros.

Que sepamos marchar abrazados hacia Ti, en nuestro diario vivir.

Que cada mañana amanezca un día más de entrega y sacrificio.

Que cada noche nos encuentre con más amor de esposo.

Haz, Señor, de nuestras vidas una página llena de Ti.

Haz de nuestros hijos lo que Tú anhelas; ayúdanos a educarlos.

Haz que nos esforcemos en el consuelo mutuo.

Haz que hagamos del amor un motivo para amarte más.

Que demos lo mejor de nosotros para ser felices en el hogar.

Que cuando veamos el gran día de ir hacia tu encuentro, nos concedas hallarnos unidos para siempre a Ti.

Amén.

sábado, 24 de octubre de 2009

Testimonio de Vida

Hoy podemos encontrar, gracias a Dios, innumerables testimonios de vida que nos dejan un verdadero ejemplo a seguir. Animadores pastorales que hacen de su catequesis vida. Laicos comprometidos que desde las nuevas tecnologías colaboran en la nueva evangelización. Sacerdotes y religiosas fieles a su vocación y a la Iglesia que dan testimonio de unidad, servicio y hasta componiendo música para el Señor o cantándola; o incluso llegando al martirio como en las misiones o en nuestra América Latina defendiendo a la Iglesia frente a las ideologías de muerte y relatividad moral.

Pero también encontramos a cantantes de música contemporánea que componen bellas melodías que ensalzan el amor de Dios o el respeto a la Vida. Una de estas “estrellas” es Juan Luis Guerra que con su bachata y merengue nos hace mover en toda celebración.

Esta pegajosa canción, Las avispas, es un poema hecho canción que nos recuerda que Dios está a nuestro lado en todo momento… el hecho es que Juan Luis reconoce a Dios nuestro Señor como único salvador, quien “manda sus avispas a nuestros enemigos”. ¿Hemos decidido que Dios sea nuestro camino, nuestro salvador, hemos optado en escuchar a Cristo?. ¿Si nos dice Jesús que nos riamos si el enemigo nos tienta en la carrera, que no nos mortifiquemos, que Él nos protege, así sea enviando sus avispas para protegernos, le creemos?.

Este mensaje me llegó gracias a mi tía Graciela Shiaffino de Suclla el que comparto con todos ustedes de corazón.

Y para los que quieran escucharla después de saber cómo “nació” la misma, aquí va el video de las Avispas… disfrútenlo y sobre todo compartan el mensaje con quien más quieren y estiman.

Que el Señor los bendiga y los guarde…

Luis Antonio

martes, 6 de octubre de 2009

Las relaciones conyugales y su influencia en la educación de los hijos

Este artículo es un llamado de atención para quienes no vemos que el problema educativo de nuestros hijos es por nuestra culpa… por nuestro egoísmo, nuestras frustraciones, nuestros temores y rencores…

Si en la pareja hay armonía, los niños crecerán en un ambiente sano.

Hay varios componentes que caracterizan a una pareja armónica. El primero y fundamental es el amor. El amor es la base sobre la cual se construye la vida conyugal. Cuando el amor se enfría o desaparece, la vida de la pareja se resquebraja.

andre-lechiguero-y-familia El amor trae consigo la felicidad, el buen humor, el deseo de vivir y de transmitir esa alegría a los que nos rodean, especialmente a los hijos. Una pareja feliz se nota en los gestos, en la mirada y en su forma de actuar.

Cada uno de los miembros de la pareja debe tener la libertad suficiente para elegir y decidir qué es lo que quiere hacer, y ambos deben intentar que se realice. El hecho de que uno de los dos se sienta frustrado, o que por culpa del otro no pueda realizar lo que verdaderamente quisiera, provoca un resentimiento que, a la larga, perjudicará la vida común.

Poder compartir plenamente la vida con su cónyuge, comentar, participar de los problemas y alegrías del otro, hacen que la vida de pareja alcance su plenitud. Todo esto ayuda a una buena comunicación.

Es importante que ambos discutan los criterios educativos que se aplicarán a los hijos. Deben llegar a un acuerdo y no deben contradecirse en presencia de los hijos.

La familia tiene una función importante: la función educadora, que sólo se puede desarrollar de manera armónica y progresiva, si existe una relación igualmente armónica y progresiva entre los cónyuges.

¿En qué se reconocen los hijos de una pareja armónica?

Podemos describir a un niño sano, de una pareja armónica, de la siguiente manera:

  1. Es equilibrado: no presenta demasiados altibajos en su comportamiento, y exterioriza sus emociones normalmente.
  2. Es sociable: es capaz de relacionarse con los que lo rodean. No presenta una timidez excesiva, ni agresividad marcada o irritabilidad.
  3. Presenta un desarrollo armónico: va adquiriendo las características que corresponden a cada edad. Crece en todos los aspectos: físico, social, afectivo, intelectual y moral, de manera normal y tranquila.
  4. Tiene un buen rendimiento escolar: el niño aprende fácilmente, no tiene trabas ni bloqueos que impidan el aprendizaje.
  5. Suele ser maduro afectivamente: sabe cómo relacionarse con las personas que lo rodean. Soporta las frustraciones que se le puedan presentar, y resuelve situaciones que a veces son conflictivas.
  6. No suele tener problemas de lenguaje: aprende a hablar a su tiempo. No tartamudea y se expresa correctamente.

No siempre se dan todas las características anteriores en un niño sano psicológicamente, hijo de una pareja bien constituida. Todo padre debe reflexionar acerca de ellas, porque son los objetivos de la educación de los hijos.

j0289917 Todos hemos aceptado el principio de que no hay amor más grande que el de los padres por sus hijos, pero basta con la observación cotidiana, para evaluar lo grande que también es el amor de los niños por sus mayores. Es un amor absoluto y feliz, sin reservas ni angustias. Un amor hecho de confianza y adoración, de fe en la perfección de la persona que se ama.

Esto se da en niños pequeños para quienes el mundo es un lugar de juego, poblado de seres infalibles que saben nutrir, abrigar, mimar, curar los males, enseñar muchas cosas, resolver las dificultades, apartar lo que lastima, elogiar, y a veces castigar.

Esta maravillosa confianza subsiste hasta que el adulto lo traiciona y el niño lo advierte. Aparece entonces, la primera mentira del niño, aunque sea pequeñísima, dictada por el recuerdo de un castigo no comprendido o desproporcionado, y más tarde el primer secreto confiado a un amigo y no a los familiares, a quienes ya se teme o se desconfía.

En el niño, estos cambios se producen poco a poco, y sin que él mismo se dé cuenta. Pero no faltan las desilusiones violentas y reveladoras, cuando advierte, por ejemplo, que los adultos discuten con frecuencia, que se complacen en pequeñas intrigas, y que hablan mal de personas, que no obstante, son queridas y simpáticas.

El niño comprende mucho más rápido y de manera profunda, y sufre con más intensidad de lo que comúnmente se cree, mientras que los padres lo consideran demasiado pequeño para entender sus conversaciones y discusiones.

Cuando las preocupaciones son el tema dominante de las conversaciones, cuando la actitud de los mayores se vuelve tensa, y el ambiente familiar se satura, el niño se siente confuso y culpable de vivir.

j0422200 Con frecuencia se emplea, en presencia del niño, un lenguaje excesivo, melodramático, que le da la impresión de que él es un peso y hasta un ser indeseable. No es raro escuchar expresiones como: “Vete a tu cuarto. Mamá y yo tenemos que hablar”. “Los niños no deben oír las conversaciones de los mayores”. “Yo no puedo salir, debo quedarme en casa a cuidar a los niños”. “¡Qué cansancio!. Estos niños me agotan”.

Es indispensable que los niños sientan a su alrededor una atmósfera de felicidad, y sepan que ésta se debe a ellos, a su presencia. Los niños no solamente tienen necesidad de alimento, sino de todo un clima de afecto y seguridad, que normalmente proporciona el amor recíproco y visible de los padres. Por lo tanto, es evidente que la primera víctima de los conflictos conyugales, es el hijo.

Entre las situaciones más penosas para el niño, se encuentra la separación de sus padres. En el plano afectivo, las consecuencias del divorcio son evidentes. Los hijos de parejas separadas suelen tener problemas educativos y de afectividad.

niño que llora Hay otras situaciones que afectan a los niños, como son las compensaciones y defensas de sus padres frente a los conflictos de pareja. Por ejemplo, el olvido, las actividades sociales muy frecuentes, la ocupación profesional exagerada y la huida en el alcohol.

RECORDEMOS… son los padres con sus actitudes, los que más van a influir a la conducta y la personalidad del niño, puesto que son los que, en primer lugar, constituyen el medio en que se desenvuelven los niños.

Si efectivamente son las conductas de los padres las que más influyen en el niño, es evidente que educar a un hijo es igual a educarse a sí mismo, nunca se debe discutir delante de los hijos, ni lanzar expresiones que puedan resultar confusas o dolorosas para el niño.

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Pidamos perdón antes de continuar…

Luis Antonio

domingo, 27 de septiembre de 2009

Sólo le pido a Dios

Continuando con el tema de la convivencia. Si esta no se diera, ¿qué sucedería en la sociedad?. Respondemos:

violencia, muerte, guerra, hambre, sufrimiento, genocidio, llanto, destrucción…

Este video es más que elocuente… vemos con tristeza el camino que la humanidad va tomando por dejar de lado la auténtica convivencia en el amor. Hemos dejado de amar, porque hemos dejado de pedir a Dios, de conocerle, de amarle…

Con la canción “Sólo le pido a Dios” nos muestra lo lejos que hemos ido por la falta de amor.

Por eso es importante que construyamos nuestra relación de esposos y padres desde la armonía, la paz, la tolerancia, el amor. Nuestros hijos nos ven, mostrémosle la adecuada convivencia de los esposos y padres que se aman y respetan.

Hay unas preguntas que al final de este video se presentan. Respóndelas desde la perspectiva del amor y de sentirnos hijos de Dios. Hijos que vivimos en una “casa global” que es la creación, la cual tenemos que cuidar adecuadamente.

Que el Señor te bendiga y te guarde…

Luis Antonio

viernes, 24 de julio de 2009

Ecuación para lograr la felicidad: b.e = b.p

Esta viene a ser la ecuación básica de toda relación familiar. Ser buenos esposos nos lleva a ser buenos padres. Si relacionamos que ser un gran hombre o mujer como la perfección de la persona, y esta como constante, al igualarla en ambos lados de la ecuación vemos que no varía la igualdad porque el ser una gran persona está directamente relacionada a ser buenos esposos para lograr ser buenos padres.

b.e.(gp) = b.p. (gp)

j0386390 Escucho durante las charlas que es difícil ser un buen padre. ¿Será a caso que no eres una buena pareja para tu esposo o esposa?. Muy rápido nos olvidamos que el primer vínculo en la familia es el de ser esposos, y nos convertimos en sólo compañeros en la necesaria tarea de mantener el hogar y la prole que rápido va llegando.

¿Cómo podemos ser entonces buenos esposos?. No hay modelo de esposa o de esposo para imitar. Ser esposos es lo más personal y propio del ser humano. No hay computadora capaz de tabular las condiciones que tienen que adornar a una pareja para que sea el ideal porque no se puede computarizar el amor.

Debemos entender que ser buenos esposos no es para que nos miren los vecinos o se alegren las familias de cada uno de nosotros. Debemos ser buenos esposos a los ojos de nuestros hijos para que ellos vivan y valoren el amor que se refleja en el matrimonio de sus padres, porque este amor los heredarán y copiarán a su debido tiempo.

Recuerdo una frase que se quedó grabada con fuego en mi corazón. Viajé a Tacna a un Encuentro Regional de Laicos, y a la entrada del colegio donde se desarrolló la misma había un inmenso letrero que decía:

“Papá, así como tu es Dios”

Mi historia familiar no dejó que experimente plenamente ese reflejo de amor que debió existir entre mis padres. No los juzgo, pero gracias a eso no deseo copiar aquello que no se dio sino lograr lo más perfecto que se debe dar en toda familia, el amor. Y este amor que se refleja a través de cada padre es el amor de Dios. Si no hemos experimentado este amor humano será entonces difícil sentir el amor de Dios.

Para lograr la perfección como esposos primero es necesario reconocer aquellas frustraciones que perturban nuestro ser, especialmente aquellas que se dieron en el entorno familiar donde crecimos. Al reconocerlas será fácil desterrarlas aunque el proceso sea doloroso y necesitemos tiempo y apoyo. Recuerda, que mejor apoyo que tu propia familia, sobre todo tu pareja. Pero quien nos abrirá las puertas para la verdadera plenitud de la felicidad familiar es el mismo Dios. Aquí viene esa necesidad de ver el reflejo del amor de nuestra propia familia para ver el amor de Dios.

Luis Antonio

jueves, 23 de julio de 2009

¿Necesitamos formarnos?

La respuesta es SI, necesitamos formarnos como padres. Comparto este "relato" con Mafalda, en la búsqueda de ser mejores padres, aprendiendo a serlo, vean por qué:


¿Será esa la idea que tienen los hijos de sus padres?.

No estamos preparados para ser papás, esa es la frase recurrente que escucho en la Escuela de Padres. Hemos reconocido que necesitamos formarnos para ser mejores padres. ¿Por qué?

Porque nos ha tocado ser la figura que Dios necesita para que la familia sea el ámbito de formación de personas que transformen el mundo a la luz del Evangelio, convirtiéndonos en maestros en una escuela de amor donde se comparte las alegrías, las penas, anhelos y esperanzas, compromisos, etc., esa escuela es la FAMILIA, ámbito perfecto del desarrollo de los hijos, verdadera escuela de amor y virtudes.

Reflexionemos e interioricemos esto, para hacerlos propios, motor y motivo de nuestra vocación de ser padres de familia.

Luis Antonio