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sábado, 17 de abril de 2010

Cuidemos a nuestros hijos

Este video dice todo lo que tenemos que tener en cuenta sobre cómo proteger a nuestros hijos de los predadores sexuales.

20nov Seamos parte de esta campaña contra el abuso sexual infantil, venga de donde venga. Recordemos que la familia es el primer espacio de prevención, basados en una acertada comunicación, confianza y amistad entre padres e hijos evitaremos que nuestros hijos sean presa de esta gente enferma.

La amplitud del internet hace que se convierta en un espacio donde nuestros hijos pueden ser parte del comercio pornográfico. Parte de nuestra labor en casa es supervisar las páginas que visitan nuestros hijos, los amigos del chat, etc.

¡Estemos alertas!

 

 

Que el Señor nos proteja y nos guarde…

Luis Antonio

sábado, 27 de marzo de 2010

Diagnóstico del matrimonio

Con un lenguaje simple y apoyándonos de un símil actual, el autor nos propone la forma de que el diagnóstico sea adecuado para cualquier mal que se sufra como esposos y padres.

No tengo conocimientos de medicina, pero el sentido común me indica que para poder curar una enfermedad hace falta hacer un buen diagnóstico. Actuar dejándose llevar sólo por los síntomas o por lo que quiere el paciente, puede llevar al enfermo a un final catastrófico.

Las escuelas de negocio transmiten la importancia de la "toma de decisiones" y facilitan herramientas para intentar tomar siempre la mejor. Para tomar una decisión hace falta un estudio serio y profundo adaptado a la naturaleza e importancia de la decisión a tomar.

En ninguna de las dos situaciones que he planteado, medicina y empresa, se le ocurriría a nadie sensato tomar una decisión de manera superficial dejándose llevar, por ejemplo, por los sentimientos o las corrientes de opinión dominantes en la sociedad.

Pienso que hasta aquí puede haber un acuerdo bastante generalizado. El dolor y la fiebre son síntomas de que algo marcha mal. Es cierto que muchas veces el tratamiento consiste simplemente en atacar los síntomas, pero esto sólo se debe hacer cuando la enfermedad ha sido diagnosticada y es "benigna" y pasajera. El dolor y la fiebre pueden ser síntomas de una enfermedad grave y por ello no bastará con aliviarlos sino que habrá que ir a la raíz del mal.

Me sirve este símil para abordar la denominada crisis del matrimonio y la familia. Es un hecho incuestionable que está aumentando el número de divorcios, que disminuye el número de matrimonios y aumenta el de las relaciones de hecho, que se tienen menos hijos, que se está menos tiempo en casa y más en el trabajo.

curando el amor 1 Afirmar esto es sencillamente constatar que existen una serie de síntomas alrededor de la familia que nos llevan a poder afirmar que hay un problema, que las cosas no están yendo bien. Como en el caso de la enfermedad, se puede optar por intentar atajar los síntomas: liberalizando el divorcio, igualando el matrimonio con otros tipos de convivencia, dando una propina de 2.500 euros por tener un hijo, aumentando el número de guarderías y el horario de escuelas abiertas para que los padres puedan estar más tiempo en el trabajo, seguirán estando poco en casa. O se puede dar un paso más olvidando prejuicios ideológicos y sociales y buscar el origen real de las crisis para intentar solucionarlas o, mejor, prevenirlas.

El secreto es el amor

Pensemos qué es lo que caracteriza al matrimonio y la familia, no pensemos en matrimonios o familias concretas y conocidos sino en la idea, el concepto. El matrimonio y la familia es aquel lugar donde alguien nos espera más allá de fracasos y temores humanos. En la familia somos queridos y aceptados independientemente de lo que hagamos o seamos. Somos queridos y queremos de manera incondicional y es ahí dónde experimentamos lo liberador y grande que es el amor verdadero. Nadie nos ama y acepta como el cónyuge, prometo amarte en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida; nuestros padres o nuestros hijos.

Las estadísticas muestran un año tras otro que la gran mayoría de personas sitúan la familia como lo más querido, lo que les hace más felices. Pongan en el buscador de google las palabras "encuesta familia y felicidad" y verán el resultado.

curando el amor Pero es que, independientemente de encuestas, la familia constituye el lugar ideal para que se den elementos tan fundamentales de la vida humana como son la fidelidad, la disponibilidad y la confianza. Quienes mejor pueden educar a los hijos son los padres, y no porque estén mejor o peor preparados sino porque les aman de manera incondicional. La base que necesita el ser humano para crecer y desarrollarse es la seguridad de saberse aceptado, querido y exigido.

La unión y el amor incondicional de un hombre y una mujer es tan fuerte que genera vida y no hay nada que de tanta seguridad como el saber que existes por amor, que no eres un verso suelto, que no apareciste de repente. Es cierto que hay personas que no han experimentado esto, pero se puede afirmar sin duda que el corazón humano lo añora.

Importancia de lo coyuntural

Lo fundamental en el matrimonio son la entrega, el amor, la relación de personas. Asuntos como los roles de marido y mujer, trabajar en casa o fuera y tantos otros, son aspectos coyunturales que, como ya se ha señalado, no afectan al fundamento ya que de hecho pueden variar con el paso del tiempo. Lo que nunca cambia es lo radical: el amor y la entrega al otro.

El origen de los fracasos matrimoniales, de la violencia doméstica, de los desencuentros, del bajo número de niños y de tantas otras calamidades no está en lo coyuntural sino en la dificultad del hombre actual para establecer relaciones personales y estables.

El diagnóstico sobre la enfermedad que afecta al matrimonio y la familia se sitúa en el ámbito personal, en lo que algunos han denominado individualismo atomista. Es este virus el causante de la enfermedad, y los síntomas los mencionados en el párrafo anterior.

Sólo rompiendo el caparazón del individualismo existe una posibilidad real de responder para poder así curar la enfermedad. Es necesaria una apertura a la verdad original que nos aporta la relación con otras personas. Es fundamental "volver en sí" y fomentar la esperanza de que existe un lugar donde identificarse como hijo y no como siervo al que se le valora por una simple función que realiza.

La cura de la enfermedad pasa por creer que lo mejor es posible y que está por llegar, que no todo vale lo mismo y que merece la pena darse por amor.

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Tomado del libro “la felicidad de andar por casa” de Aníbal Cuevas. Post de Fluvium.org .

Que el Señor los bendiga y los guarde…

Luis Antonio

viernes, 26 de marzo de 2010

Para ser verdaderos esposos… al principio y siempre

Cuando dos jóvenes llegan al matrimonio, en realidad se conocen poco. Tal vez ni se dan cuenta todavía de la magnitud de su amor.

El amor es una aventura que hay que descubrir y vivir cada día. Se necesita ir creciendo juntos, madurando juntos, para hacer de ese y de ese yo un nosotros.

Esta interacción no se puede dar en el silencio.

Lo que no se vale:

  • Platicar sólo lo que se refiere a problemas urgentes o superficiales.
  • Intentar una conversación única, de una vez para siempre, y si no resulta como deseamos, pues ya se acabó el asunto.

Lo que sí se vale:

En lugar de poner (con su silencio) una piedra más en el muro que les pueda separar en determinado momento:

  1. Vaya avanzando poco a poco en el conocimiento mutuo, a través del entendimiento y la ayuda recíproca en las circunstancias de cada día.

  2. Cada vez que usted encuentre un aspecto nuevo en la personalidad del cónyuge, sea cualidad, debilidad o defecto, hay que sorprenderse, desde luego, pero en seguida vuelva a decir ese sí te acepto, que pronunció el día de la boda.

  3. Hágase a la idea de que ama y acepta a su pareja tal como es, sin pretender hacerla a su modo y su medida.

  4. Comuníquese con su pareja diciéndole lo que es, lo que piensa, lo que siente y lo que desea hacer.

  5. Escuche atenta y comprensivamente lo que el otro le quiere comunicar.

  6. Evite hablar -sin finalidad alguna- sólo por no quedarse callado.

  7. Evite buscar los defectos del otro solo para decírselos en forma hiriente.

  8. Evite desahogar su mal humor en su cónyuge, ya que con esto convertiría a su amor en un amor-tiguador.

  9. Tenga una buena disposición para encontrar y aplicar diferentes alternativas para el mismo problema antes de estallar contra su familia; no busque culpables, busque soluciones.

  10. Tenga mente positiva para escuchar realmente al otro con apertura y sin prejuicios, tal como él desea ser escuchado.

¿Que no hay temas por tratar?

Aquellas parejas que han llegado a esa crisis de silencio, dirán: ¿Cuáles son los temas de conversación entre nosotros? Absolutamente todo lo que sucede en la vida es tema de conversación.

No hay que esperar acontecimientos extraordinarios para dialogar, podemos empezar por nuestros deseos, ilusiones, problemas, triunfos, economía, trabajo, hijos, diversiones, vacaciones y más.

pareja-de-espaldas Muchas veces los pequeños detalles de cada día son los que nos permiten iniciar esa comunicación que nos hará descubrir en qué fallamos o en qué estamos mejorando. En ocasiones, el gran obstáculo es sencillamente la falta de ganas para platicar, porque hemos dejado entrar en nosotros el resentimiento por tantas situaciones conflictivas por las que hemos pasado y por tanto reproche mutuo.

Cuando es el disgusto lo que nos impide hablar, conviene tomar prácticamente todos esos motivos de enojo, amarrarlos en un paquete y guardarlos en lo más escondido de nuestros sentimientos, sin ninguna intención de sacarlos a relucir en cada momento. Una vez hecho esto, entonces sí se puede abordar cualquier tema, por insignificante que parezca, pero con la firme intención de hacer como que estamos platicando con una persona amiga o con alguien a quien acabamos de conocer, a fin de que no surjan - por ningún motivo - las desavenencias.

En el momento en que pareciera surgir alguna de ellas, es mejor abandonar rápidamente el diálogo, olvidar pronto el incidente y volverlo a intentar en una mejor y pronta ocasión.

¡Ya es tiempo!

¡Ya es tiempo de reflexionar y de actuar! En realidad siempre es tiempo de enderezar el rumbo, esté en la situación que esté, un matrimonio tiene mucho que ganar si decide luchar y darle la pelea a la crisis.

La recompensa es la felicidad conyugal, de los hijos y de quienes vivan cerca la familia.

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Autor: María Cristina M. de Almazán. - www.masalto.com

Que el Señor los bendiga y los guarde…

Luis Antonio

viernes, 22 de enero de 2010

papás, aprendamos a lograr una autoridad positiva

Un problema actual dentro de la familia es la pérdida de la autoridad frente nuestros hijos. ¿Somos demasiado blandos?, ¿no queremos que ellos vivan lo que nosotros vivimos con nuestros padres?. ¿Somos triunfadores en el trabajo y perdedores en el hogar?. Este artículo tomado de solohijos.com nos ayudará a tener una visión esperanzadora de cómo lograr esa necesaria autoridad en el hogar.

Tener autoridad, que no autoritarismo, es básico para la educación de nuestro hijo. Debemos marcar límites y objetivos claros que le permitan diferenciar qué está bien y qué está mal, pero uno de los errores más frecuentes de padres y madres es excederse en la tolerancia. Y entonces empiezan los problemas. Hay que llegar a un equilibrio, ¿cómo conseguirlo para tener autoridad?

En una de las primeras charlas que di a un grupo de padres de un kinder, una madre levantó la mano y me preguntó:

- ¿Qué hago si mi hijo está encima de la mesa y no quiere bajar?
- Dígale que baje, - le dije yo.
- Ya se lo digo, pero no me hace caso y no baja- respondió la madre con voz de derrotada.
- ¿Cuántos años tiene el niño?- le pregunté.
- Tres años - afirmó ella.

Situaciones semejantes a ésta se presentan frecuentemente cuando tengo ocasión de comunicar con un grupo de padres. Generalmente suele ser la madre quien pone la cuestión sobre la mesa aunque estén los dos. El padre simplemente asiente, bien con un silencio cómplice, bien afirmando con la cabeza, porque el problema es de los dos, evidentemente.

¿Qué ha pasado para que en tan pocos meses una pareja de personas adultas, triunfadoras en el campo profesional y social, hayan dilapidado el capital de autoridad que tenían cuando nació el niño?

Actuaciones paternas y maternas, a veces llenas de buena voluntad, minan la propia autoridad y hacen que los niños primero y los adolescentes después no tengan un desarrollo equilibrado y feliz con la consiguiente angustia para los padres. El padre o la madre que primero reconoce no saber qué hacer ante las conductas disruptivas de su pequeño y que, después, siente que ha perdido a su hijo adolescente, no puede disfrutar de una buena calidad de vida, por muy bien que le vaya económica, laboral y socialmente, porque ha fracasado en el "negocio" más importante: la educación de sus hijos.

¿Cuáles son los errores más frecuentes que padres y madres cometemos cuando interaccionamos con nuestros hijos?

Antes de que siga leyendo, quiero advertirle que, posiblemente, usted, como todos -yo también- en alguna ocasión ha cometido cada uno de los errores que se apuntan a continuación. No se preocupe por ello. No es un desastre. Es lo normal en cualquier persona que intenta educar TODOS LOS DIAS. Tiene su parte positiva. Quiere decir que intenta educar, lo cual ya es mucho. En educación lo que deja huella en el niño no es lo que se hace alguna vez, sino lo que se hace continuamente. Lo importante es que, tras un periodo de reflexión, los padres consideren, en cada caso, las actuaciones que pueden ser más negativas para la educación de sus hijos, y traten de ponerles remedio.

Estos son los principales errores que, con más frecuencia, debilitan y disminuyen la autoridad de los padres:

  • La permisividad. Es imposible educar sin intervenir. El niño, cuando nace, no tiene conciencia de lo que es bueno ni de lo que es malo. No sabe si se puede rayar en las paredes o no. Los adultos somos los que hemos de decirle lo que está bien o lo que está mal. El dejar que se ponga de pie encima del sofá porque es pequeño, por miedo a frustrarlo o por comodidad es el principio de una mala educación. Un hijo que hace "fechorías" y su padre no le corrige, piensa que es porque su padre ni lo estima ni lo valora. Los niños necesitan referentes y límites para crecer seguros y felices.

  • Ceder después de decir no. Una vez que usted se ha decidido a actuar, la primera regla de oro a respetar es la del no. El no es innegociable. Nunca se puede negociar el no, y perdone que insista, pero es el error más frecuente y que más daño hace a los niños. Cuando usted vaya a decir no a su hijo, piénselo bien, porque no hay marcha atrás. Si usted le ha dicho a su hijo que hoy no verá la televisión, porque ayer estuvo más tiempo del que debía y no hizo los deberes, su hijo no puede ver la televisión aunque le pida de rodillas y por favor, con cara suplicante, llena de pena, otra oportunidad. Hay niños tan entrenados en esta parodia que podrían enseñar mucho a las estrellas del cine y del teatro.
    En cambio, el sí, sí se puede negociar. Si usted piensa que el niño puede ver la televisión esa tarde, negocie con él qué programa y cuanto rato.

  • El autoritarismo. Es el otro extremo del mismo palo que la permisividad. Es intentar que el niño/a haga todo lo que el padre quiere anulándole su personalidad. El autoritarismo sólo persigue la obediencia por la obediencia. Su objetivo no es una persona equilibrada y con capacidad de autodominio, sino hacer una persona sumisa, esclavo sin iniciativa, que haga todo lo que dice el adulto. Es tan negativo para la educación como la permisividad.

  • Falta de coherencia. Ya hemos dicho que los niños han de tener referentes y límites estables. Las reacciones del padre/madre han de ser siempre dentro de una misma línea ante los mismos hechos. Nuestro estado de ánimo ha de influir lo menos posible en la autoestimaimportancia que se da a los hechos. Si hoy está mal rayar en la pared, mañana, también.
    Igualmente es fundamental la coherencia entre el padre y la madre. Si el padre le dice a su hijo que se ha de comer con los cubiertos, la madre le ha de apoyar, y viceversa. No debe caer en la trampa de: "Déjalo que coma como quiera, lo importante es que coma".

  • Gritar. Perder los estribos. A veces es difícil no perderlos. De hecho todo educador sincero reconoce haberlos perdido alguna vez en mayor o menor medida. Perder los estribos supone un abuso de la fuerza que conlleva una humillación y un deterioro de la autoestima para el niño. Además, a todo se acostumbra uno. El niño también a los gritos a los que cada vez hace menos caso: Perro ladrador, poco mordedor. Al final, para que el niño hiciera caso, habría que gritar tanto que ninguna garganta humana está concebida para alcanzar la potencia de grito necesaria para que el niño reaccionase.
    Gritar conlleva un gran peligro inherente. Cuando los gritos no dan resultado, la ira del adulto puede pasar fácilmente al insulto, la humillación e incluso los malos tratos psíquicos y físicos, lo cual es muy grave. Nunca debemos llegar a este extremo. Si los padres se sienten desbordados, deben pedir ayuda: tutores, psicólogos, escuelas de padres...

  • No cumplir las promesas ni las amenazas. El niño aprende muy pronto que cuanto más promete o amenaza un padre/madre menos cumple lo que dicen. Cada promesa o amenaza no cumplida es un girón de autoridad que se queda por el camino. Las promesas y amenazas deber ser realistas, es decir fáciles de aplicar. Un día sin tele o sin salir, es posible. Un mes es imposible.

  • No negociar. No negociar nunca implica rigidez e inflexibilidad. Supone autoritarismo y abuso de poder, y por lo tanto incomunicación. Un camino ideal para que en la adolescencia se rompan las relaciones entre los padres y los hijos.
  • No escuchar. Dodson dice en su libro El arte de ser padres, que una buena madre -hoy también podemos decir padre- es la que escucha a su hijo aunque esté hablando por teléfono. Muchos padres se quejan de que sus hijos no los escuchan. Y el problema es que ellos no han escuchado nunca a sus hijos. Los han juzgado, evaluado y les han dicho lo que habían de hacer, pero escuchar... nunca.

  • Exigir éxitos inmediatos. Con frecuencia, los padres tienen poca paciencia con sus hijos. Querrían que fueran los mejores... ¡ya!. Con los hijos olvidan que nadie ha nacido enseñado. Y todo requiere un periodo de aprendizaje con sus correspondiente errores. Esto que admiten en los demás no pueden soportarlo cuando se trata de sus hijos, en los que sólo ven las cosas negativas y que, lógicamente, "para que el niño aprenda" se las repiten una y otra vez.

Sin embargo, una vez que sabemos lo que hemos de evitar, algunos consejos y "trucos" sencillos pueden aligerar este problema, ofrecer un desarrollo equilibrado a los hijos y proporcionar paz a las personas y al hogar. Estos consejos sólo requieren, por un lado, el convencimiento -muy importante- de que son efectivos y, por otro, llevarlas a la práctica de manera constante y coherente.

Algunas de estas técnicas ya han sido comentadas al hablar de los errores, y ya no insistiré en ellas. Me limitaré a enunciar brevemente, actuaciones concretas y positivas que ayudan a tener prestigio y autoridad positiva ante los hijos:

  • Tener unos objetivos claros de lo que pretendemos cuando educamos. Es la primera condición sin la cual podemos dar muchos palos de ciego. Estos objetivos han de ser pocos, formulados y compartidos por la pareja, de tal manera que los dos se sientan comprometidos con el fin que persiguen. Requieren tiempo de comentario, incluso, a veces, papel y lápiz para precisarlos y no olvidarlos. Además deben revisarse si sospechamos que los hemos olvidado o ya se han quedado desfasados por la edad del niño o las circunstancias familiares.
  • Enseñar con claridad cosas concretas. Al niño no le vale decir "sé bueno", "pórtate bien" o "come bien". Estas instrucciones generales no le dicen nada. Lo que sí le vale es darle con cariño instrucciones concretas de cómo se coge el tenedor y el cuchillo, por ejemplo.
  • Dar tiempo de aprendizaje. Una vez hemos dado las instrucciones concretas y claras, las primeras veces que las pone en práctica, necesita atención y apoyo mediante ayudas verbales y físicas, si es necesario. Son cosas nuevas para él y requiere un tiempo y una práctica guiada.
  • Valorar siempre sus intentos y sus esfuerzos por mejorar, resaltando lo que hace bien y pasando por alto lo que hace mal. Pensemos que lo que le sale mal no es por fastidiarnos, sino porque está en proceso de aprendizaje. Al niño, como al adulto, le encanta tener éxito y que se lo reconozcan.
  • Dar ejemplo para tener fuerza moral y prestigio. Sin coherencia entre las palabras y los hechos, jamás conseguiremos nada de los hijos. Antes, al contrario, les confundiremos y les defraudaremos. Un padre no puede pedir a su hijo que haga la cama si él no la hace nunca.
  • Confiar en nuestro hijo. La confianza es una de las palabras clave. La autoridad positiva supone que el niño tenga confianza en los padres. Es muy difícil que esto ocurra si el padre no da ejemplo de confianza en el hijo.
  • Actuar y huir de los discursos. Una vez que el niño tiene claro cual ha de ser su actuación, es contraproducente invertir el tiempo en discursos para convencerlo. Los sermones tienen un valor de efectividad igual a 0. Una vez que el niño ya sabe qué ha de hacer, y no lo hace, actúe consecuentemente y aumentará su autoridad.
  • Reconocer los errores propios. Nadie es perfecto, los padres tampoco. El reconocimiento de un error por parte de los padres da seguridad y tranquilidad al niño/a y le anima a tomar decisiones aunque se pueda equivocar, porque los errores no son fracasos, sino equivocaciones que nos dicen lo que debemos evitar. Los errores enseñan cuando hay espíritu de superación en la familia.

Todas estas recomendaciones pueden ser muy válidas para tener autoridad positiva o totalmente ineficaces e incluso negativas. Todo depende de dos factores, que si son importantes en cualquier actuación humana, en la relación con los hijos son absolutamente imprescindibles: amor y sentido común.

padre e hijo

Educar es estimar, decía Alexander Galí. El amor hace que las  técnicas no conviertan la relación en algo frío, rígido e inflexible y, por lo tanto, superficial y sin valor a largo plazo. El amor supone tomar decisiones que a veces son dolorosas, a corto plazo, para los padres y para los hijos, pero que después son valoradas de tal manera que dejan un buen sabor de boca y un bienestar interior en los hijos y en los padres.

El sentido común es lo que hace que se aplique la técnica adecuada en el momento preciso y con la intensidad apropiada, en función del niño, del adulto y de la situación en concreto. El sentido común nos dice que no debemos matar moscas a cañonazos ni leones con tirachinas. Un adulto debe tener sentido común para saber si tiene delante una mosca o un león. Si en algún momento tiene dudas, debe buscar ayuda para tener las ideas claras antes de actuar.

Autor: Pablo Pascual Sorribas. solohijos.com

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Seamos padres que amen a sus hijos… que ellos se den cuenta que les amamos… sepamos demostrar nuestra autoridad…

Que el Señor los bendiga y los guarde…

Luis Antonio

miércoles, 6 de enero de 2010

Padres permisivos: ¿dónde está el límite? 2/3

Continuando con el tema 2 de este importante artículo sobre padres permisivos, el que se denomina “establecer marcos de referencia”, marcar límites razonables.

igualdadlapices Los psicólogos aconsejan que los padres eduquen a sus hijos e hijas con autoridad, pero marcando unos límites razonables

La comunicación en la familia es el pilar básico para el desarrollo del menor (configuración de su personalidad y modos de relacionarse con los propios miembros de la familia y con los amigos de la calle). Los padres deben escuchar a los hijos y los hijos a los padres. Pero es importante que estos últimos no olviden que, ante todo, ellos son adultos y "los niños necesitan que el adulto haga de adulto, porque como amigos ya tienen a los compañeros de clase, de fútbol o de cualquier otra actividad", señala Àngels Geis. "Entre padres e hijos debe haber confianza -añade-, pero los padres tienen que hacer de padres, aunque hay gente que no lo vea así". Los adultos constituyen el marco de referencia de los pequeños y, por ello, deben tener un proyecto educativo que establezca las normas. "Puede ser un proyecto de salud, de felicidad, de convivencia... Pero un proyecto claro, porque cuando no se tiene se claudica antes", especifica la profesora, quien considera que aquellos padres que se ríen ante la primera pataleta del hijo, tendrán más difícil corregir ese comportamiento cuando éste sea mayor. "Los límites que no se han impuesto al niño de pequeño son difíciles de imponer cuando es mayor", advierte.

Por su parte, Amparo Novo detalla cómo las personas seleccionan y jerarquizan valores e ideales, estéticas y modas, formas de convivencia y de vida entre los diferentes marcos a los que se enfrentan, desde la dependencia infantil hasta la autonomía personal.

"Las personas seleccionan y jerarquizan valores e ideales, estéticas y modas, formas de convivencia y de vida entre los diferentes marcos a los que se enfrentan"

Estos marcos contribuyen a modelar la conducta, sensibilidad y pensamiento de una persona, por lo que los progenitores deben ser conscientes de que sus hijos e hijas absorberán lo que proyecten sobre ellos. En este sentido, Àngels Geis diferencia dos tipos de niños: "los que tienen un marco de referencia tan cerrado que no pueden hacer nada y, cuando son mayores, o se rebelan o son retraídos, y los que no tienen un marco claro de referencia, sino límites flexibles, los mismos que si en un momento dado tienen que mostrarse violentos para llamar su atención no dudarán en hacerlo". "No está claro que se pueda identificar como consecuencia de la permisividad de los padres la conducta violenta de los hijos -contradice Novo-. Resulta exagerado emplear el término 'violencia' para calificar una conducta de desobediencia. Si se habla de niños agresivos, es probable que estos procedan de familias en las que los propios padres tienden a comportarse de forma desequilibrada y antisocial".

IMG_1373 Para enseñar a los hijos el camino más adecuado, los padres deben ser conscientes primero del que siguen ellos mismos. Si discuten delante del niño sobre el modo de educarle o se contradicen a la hora de dar una orden, habrá más posibilidades de que el pequeño se confunda y siga su propia trayectoria. Los padres deben estar convencidos de lo que exigen y no cambiar de idea ya que, aunque pueda parecer lo contrario, los niños que tienen unas normas se sienten seguros porque saben por dónde deben ir. Por ello, ante cualquier duda, se puede pedir ayuda externa de profesionales. "Los padres encuentran muchos recursos en la escuela, aunque a veces ocurre que, cuando se acercan a ella, en lugar de informarles de los logros que consiguen los pequeños, sólo destacan lo malo. Etiquetan y catalogan tanto a los hijos como a los padres, y estos no quieren ir para que alguien les diga sólo lo mal que lo hacen", sentencia Àngels Geis.

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Seamos conscientes de nuestro rol de padre. No perdamos frente a nuestros hijos esa autoridad y sobre todo la imagen y modelo de verdaderos padres que debemos ser…

Que el Señor los bendiga y los guarde…

Luis Antonio

El padre bueno y el “buen” padre

Este artículo es tomado del portal Familia en el Internet – www.familia.cl, leámoslo y meditémoslo como buenos padres que debemos ser.

vela

Un corazón blando basta para ser un padre bueno; en cambio la voluntad más fuerte y la cabeza más clara son todavía poco para ser un buen padre.

Padres buenos hay muchos, buenos padres hay pocos.

No creo que haya cosa más difícil que ser un buen padre. En cambio no es difícil ser un padre bueno.

Un corazón blando basta para ser un padre bueno; en cambio la voluntad más fuerte y la cabeza más clara son todavía poco para ser un buen padre.

El padre bueno quiere sin pensar, el buen padre piensa para querer.

El buen padre dice que sí cuando es sí, y no cuando es no; el padre bueno sólo sabe decir que sí.

El padre bueno hace del niño un pequeño dios que acaba en un pequeño demonio.

j0289852 El buen padre no hace ídolos; vive la presencia del único Dios.

El buen padre echa a volar la fantasía de su hijo dejándole crear un aeroplano con dos maderas viejas.

El padre bueno "amanteca" la voluntad de su hijo ahorrándole esfuerzos y responsabilidades.

El buen padre templa el carácter del hijo llevándolo por el camino del deber y del trabajo.

Y así, el padre bueno llega a la vejez decepcionado y tardíamente arrepentido, mientras el buen padre crece en años respetado, querido, y a la larga, comprendido.

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Seamos entonces “buenos padres y madres” que saben amar a sus hijos.

Que el Señor los bendiga y los guarde…

Luis Antonio

lunes, 9 de noviembre de 2009

Hijos, pequeños tiranos…

Cuántas veces hemos sido “amenazados” por aquellos pequeños seres que, paradójicamente, vamos criando día a día, brindándoseles nuestros amor y todas aquellas cosas que necesitan. Cuando ese “famoso pedido” se convierte en el inicio de una tiranía que rompe la armonía familiar debemos saber cómo enfrentarlo.

"¡Quiero esto y lo quiero ahora!"

¿por qué se convierten nuestros hijos en pequeños tiranos?

Descubrimos cuáles son las tres fases para criar niños déspotas y los cinco límites para evitarlo.

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Los niños y los jóvenes siempre han tenido conductas rebeldes propias de su edad. Pero últimamente, las noticias de sucesos han alcanzado un protagonismo alarmante. Muchos padres han pasado a ser las víctimas de las conductas agresivas de sus hijos.

Tiranos5 No hay que ceder a todos sus deseos

En un artículo de la revista XarxaFarma, Laura García Agustín, psicóloga directora del Centro Psicológico Clavesalud de Madrid nos explica cuáles son las conductas más indicativas que llevan a un niño a convertirse en un tirano. Por otro lado, nos desvela cuáles podrían ser las soluciones para evitarlo.

Volviendo a los sucesos que ocurren hoy en día, los datos extraídos en las Jornadas sobre violencia interfamiliar nos indican que las denuncias impuestas por padres, supuestamente agredidos por sus hijos, se han multiplicado por tres en los últimos años en la Comunidad Valenciana y por ocho, en los últimos cuatro años en Cataluña y en el País Vasco (España).

Asimismo, los casos de bullying en las escuelas son cada vez más frecuentes y todo nos hace apuntar a que cabría preguntarse qué está pasando alguna cosa con nuestros jóvenes.

La voz de los expertos

La mayoría de expertos en el tema coinciden en la idea de que los factores desencadenantes de esta situación son: la educación hedonista, la falta de tiempo compartido con los padres, la influencia de los medios de comunicación y sobretodo, la falta de límites ante los intereses personales de los jóvenes.

“Es obvio que se ha pasado de una situación de respeto, casi de miedo, hacia el padre o la autoridad a una falta de límites en la cual los jóvenes quieren imponer su ley de exigencia”, explica Javier Urra en su libro El pequeño dictador. Cuando los padres son las víctimas.

La psicóloga Laura García divide en tres fases las conductas que indican el desarrollo de un niño que puede llegar a convertirse en un agresor.

1. La cultura de la inmediatez

La primera de ellas es: el niño caprichoso. Se convierte en amo de su casa en el sentido de que o se hace lo que él quiere, o su conducta cambia y la convivencia se convierte en algo muy difícil de llevar. La casa se convierte en un autentico campo de batalla.

Tiranos8 Son niños caprichosos, con una autoestima exagerada y un ego colosal como resultado de una sobreprotección excesiva y perniciosa de sus padres. Lo que quieren, lo quieren al momento y no admiten un ‘no’ como respuesta. Han aprendido a chantajear para conseguir aquello que quieren, incluso a exigir y a amenazar. Son niños fruto de la cultura de la inmediatez que no han podido aprender el valor de las cosas.

2. Yo, soy el rey

La segunda fase la denominan síndrome del emperador. Según el profesor de la Universidad de Valencia, Vicente Garrido, esta fase se caracteriza por una violencia persistente y global y de carácter evolutivo.

El experto explica que esta conducta suele empezar con el abandono del esfuerzo para los estudios, sigue con amenazas a los padres y pasa a los abusos psicológicos. Alerta también que en algunos casos puede llegar a las agresiones físicas.

Tiranos6 Este síndrome está caracterizado por factores como el poco miedo a ser castigados o la insensibilidad emocional, factor en que la educación ejerce un papel fundamental. “Cuanto más insensible sea el menor, menos efectiva será su educación”, dice Garrido.

Es muy importante hacer un esfuerzo para identificar a los jóvenes violentos y ayudar a los padres en su educación antes de que sea demasiado tarde, concluye el experto.

3. La dictadura agresiva

Con la tercera fase llega el grado máximo de ‘capricho tiránico’. La agresión a los padres es una situación que cada vez se ve más en los juzgados. La situación empieza con insultos, gritos, chantajes emocionales y amenazas y en el peor de los casos, llegan las agresiones físicas.

“Es un error”, explica Urra, justificar su conducta por su fuerte carácter o porque aguanta mucha presión en la escuela.

Tiranos9 Los padres inmaduros, con miedo y fácilmente manipulables sienten vergüenza hacia los demás y no cuentan su situación. “Ven a su hijo como una pesadilla”, dice Javier Urra.

Las presiones pueden llegar en edades muy tempranas, a veces a los 8 u 9 años, pero es más adelante cuando el hijo puede convertirse en un dictador.

El estudio de la violencia de los jóvenes en la familia: una aproximación a los menores denunciados por su padres constata que el 14% de los casos denunciados por violencia doméstica están protagonizados por menores.

Para los especialistas en esta materia la mejor prevención para todas estas actitudes es la de establecer limitaciones con eficacia.

Tiranos4 La prevención de una pesadilla tiene cinco soluciones

  1. Coger las riendas: los padres han de educar y han de actuar como modelos competentes para sus hijos. Su trabajo es establecer los límites y las normas y hacer que se cumplan, enseñarles los valores adecuados, la disciplina y el valor del esfuerzo. Hay que acostumbrarles a la espera, no hay que acudir inmediatamente cuando ellos lo digan, así aprenderán también a poner sus propias soluciones ante los problemas.

  2. Pautas y órdenes claras: para que una orden o instrucción sea eficaz tiene que seguir una serie de pautas. La orden hay que decirla una sola vez, especificando la conducta que se quiere de manera clara. Tiene que hacerse en el momento óptimo y tiene que ir acorde con la edad del niño, sin amenazas pero con mano dura. Es muy importante, comenta Javier Urra, establecer las consecuencias para una posible desobediencia.

  3. Restituir el papel del ‘no’: en los últimos años, muchas teorías insisten sobre la cantidad inmensa de negaciones que puede tener una criatura desde pequeña, y cómo esto se refleja en inseguridad y desconfianza cuando es mayor. Pero también se pasa muchas veces de la negociación a la aprobación total. “Hay muchas situaciones en las que hace falta decir ‘no’ simplemente porque la necesidad de otro es más importante”, dice Betsy Hart, experta en educación infantil en su libro Sin miedo a educar.

  4. Mantenerse fuerte delante de los enfados: según un estudio realizado en la Universidad de Pensilvana, Estados Unidos, los niños que presentan una tendencia más importante a los enfados temperamentales tienen más posibilidades de sufrir problemas emocionales cuando crecen. Los resultados reflejaban que estos niños presentan unos niveles más bajos de satisfacción vital, felicidad y autoestima en su vida adulta. Además, tienen menos comunicación con sus familiares, relaciones más pobres con sus padres y, en general, dificultad para intimar con los demás.

  5. Mostrarse seguros: “la respuesta del niño es directamente proporcional a la seguridad más o menos grande con la que se muestran sus padres delante de él”, señala Javier Urra. Los niños tienen una especie de radar para identificar el estado emocional de los padres y según esto, actuaran con mayor o menor insistencia para conseguir lo que se plantean. Por eso es tan importante mostrarse seguros ante los hijos, porque así, verán que no tienen nada que hacer.

Los niños tiranos no nacen, se hacen. Por eso es tan importante plantearse cómo será su educación “antes de que el niño nazca”, concluye Javier Urra. Sólo así sabrán cómo actuar y afrontar los problemas ante las situaciones adversas que se les presenten.

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Este artículo tiene como fuente a fluvium.org, autora: Carlota Falcó Vich – ForumLibertas.com

Ahora es tiempo que nosotros, esposos y padres, podamos reconocer aquellos errores que cometemos y que propician en nuestros amados hijos esos indicios de precoces tiranos en nuestro hogar.

Que el Señor los Bendiga y los Guarde…

Luis Antonio

sábado, 7 de noviembre de 2009

Una lección de amor

Los hijos crecen y en esa seguridad ven a los padres como alguien que ya no da más, no ofrece más, o porque casi no lo vimos en nuestro diario crecer es la molestia de su ya madurez como hijo. Y muchas veces nos excedemos, no le damos el verdadero valor, lo hacemos sentir mal…

¡Enseñemos a nuestros hijos a valorarnos como padres!. No sacando en cara lo que hacemos por ellos, sino ofreciéndoles nuestro amor incondicional siempre, haciendo que ellos sepan que es así, único y verdadero amor de padre a un hijo.

Este video llega al corazón. Compártelo con tus padres, tus hijos, con quien más quieres porque de verdad es una verdadera lección de amor.

Gracias a María José Yañez, mi hermana y amiga en Católicos Hispanos que se los puedo ofrecer.

La vida da vueltas… es uno de los mensajes que también resalto de este corto. ¿Qué otros mensajes puedes resaltar tú?.

Que el Señor los Bendiga y los Guarde…

Luis Antonio

martes, 3 de noviembre de 2009

Cómo educar hijos seguros de sí mismos

"Si brindas seguridad, enseñarás confianza"

Una persona segura de sí misma denota firmeza, positivismo, alta autoestima y determinación. Además, se caracteriza por ser independiente, autónoma, convincente y generar confianza en los demás. Todas estas cualidades las podemos cultivar en nuestros hijos dependiendo de la educación que les demos.

Todo padre desea que sus hijos tomen decisiones asertivas, se desarrollen socialmente, tengan la seguridad para expresar adecuadamente sus sentimientos, posean el suficiente valor para enfrentar situaciones complejas, y así poco a poco vayan ganando autonomía. No obstante, cuando se educa bajo un contexto de inseguridad y miedos, lo único que logramos es que nuestro hijo no pueda desarrollar las capacidades que en un futuro le serán determinantes.

Seguridad y autoestima

El pedagogo José María Lahoz García dice: “la seguridad en uno mismo es fruto del convencimiento de que se tiene la capacidad suficiente para manejar algunas situaciones con éxito y que se puede ofrecer algo valioso a los demás. Esta seguridad es consecuencia de lo que comúnmente llamamos autoestima”.

La autoestima le permite a la persona actuar con seguridad y afrontar la vida desde una perspectiva positiva y emprendedora. Además, proporciona la capacidad de resolver problemas graves porque se afrontan con optimismo. Asimismo, una alta autoestima certifica mayor tolerancia al fracaso.

Lo que debemos lograr con nuestros hijos, es que se sientan valiosos y queridos, haciendo un trabajo basado en el reconocimiento del logro, en el elogio y en la estimulación.

familia-hijos

“El desarrollo de la autoestima, es considerado por psicólogos infantiles como la puesta en marcha del `motor´ que impulsará al pequeño para que establezca y cumpla objetivos propios, pues se ha comprobado que un niño que se aprecia a sí mismo es físicamente más sano, tiene considerable motivación para aprender, actúa con responsabilidad y cuenta con mayor tolerancia en caso de que las cosas le salgan mal… Ayudarle al hijo a tener confianza en sí mismo, facilitará su convivencia con otras personas, le permitirá convencerse de que tiene capacidad para actuar con éxito en la vida y le hará entender que su amistad e ideas son tan valiosas como las de cualquier otra persona”, afirman María Elena Moura y Lorena Rodríguez en su artículo de saludymedicinas.com

Indicadores de inseguridad

Los niños inseguros suelen sentirse limitados porque no se atreven a hacer algunas cosas por cuenta propia, les cuesta establecer vínculos afectivos con otros chicos de su edad, no progresan en sus primeros aprendizajes escolares, se rinden al primer intento, se sienten frustrados cuando fallan y tienen muy presente la posibilidad de “hacer el ridículo”.

Un niño que carece de seguridad propia, tendrá muchos problemas en el futuro, debido a que sentirá angustias y preocupaciones innecesarias, que además se pudieron haber evitado. Todo esto lo pone en clara desventaja.

Las principales señales de un niño inseguro son:

  • Muestra temor excesivo a errores y fracasos.
  • Tiene poca motivación para jugar o convivir.
  • Carece de entusiasmo y presta poca atención a las clases.
  • Es muy sensible a las críticas u observaciones.
  • Invierte varias horas al estudio, pero su desempeño escolar es deficiente.
  • Puede ser muy tímido en el aula o, por el contrario, ruidoso y conflictivo.
  • Evita cualquier reto a sus hábitos.
  • Se siente frustrado en la escuela.
  • Tiende a descalificarse y a decir que no tiene habilidad para ciertas cosas.

A diferencia del niño seguro:

  • Es muy curioso.
  • Le gustan los desafíos.
  • Tiene muchas ganas y facilidad para aprender de sus diferentes materias escolares o actividades.
  • Los fracasos y errores representan oportunidades para aprender.
  • Conoce sus puntos “fuertes” y “débiles”.
  • Acude con gusto a clases.
  • Admite críticas.
  • Es muy sociable con sus compañeros.

Padres seguros, hijos seguros

Educar hijos seguros requiere que los padres también sean seguros. Recordemos que los padres educamos con el ejemplo. Si los hijos nos perciben seguros de nosotros mismos, ellos reflejarán esa firmeza en su conducta.

EDUCANDO A LOS HIJOS Los padres, familiares, profesores y amigos, son los principales entes influyentes en la personalidad del niño. “Estas personas actúan como espejos en los cuales el niño ve reflejada la imagen de sí mismo, y, a través de ellas, se va conociendo y va percibiendo el grado de aceptación y aprecio que producen sus actuaciones y su propia persona” indica José María Lahoz García.

No sobra decir que la percepción que tienen los niños de las reacciones de sus padres no se alimenta exclusivamente de las palabras que dicen, la comunicación no verbal y los sentimientos, le permitirán al niño percibir una realidad existente.

¿Cómo brindarles seguridad en sí mismos?

La comunicación padre e hijo es fundamental para ayudarle a incrementar la confianza en sí mismo. Igualmente, establecer fuertes lazos afectivos sin dejar a un lado las normas y la autoridad, ello con el fin de enseñarle a comprender que la vida tiene límites y debe valerse de sus fortalezas para afrontarlas. No obstante, es necesario comprender que no basta con que los padres sientan amor por su hijo, sino que deben aprender a transmitírselo.

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Fuente: Lafamilia.info

Que el Señor los Bendiga y los guarde…

Luis Antonio

lunes, 2 de noviembre de 2009

Padres sí; amigos no

Un maestro nos decía: “antes los hijos tenían miedo de sus padres, hoy los padres tienen miedo de sus hijos” - Mg. Manuel Rodríguez Canales, USP -. Esta afirmación tiene mucho de verdad puesto que la relación padres/hijos a venido desembocando en una pérdida de autoridad debido a la confusión de roles que como padres proyectamos: padres, amigos, padres y amigos, padres que no somos padres porque somos más amigos, etc.

El artículo que compartimos a continuación nos ofrece un punto de vista único respecto a cómo esta actitud paterna se vuelve irremediablemente permisiva. Hemos perdido la brújula de cómo decirles a nuestros hijos cuáles son los límites en su diario actuar.

Artículo tomado del Boletín Pastoral Familiar.

velaLa mayoría de los padres actuales con hijos en edad escolar, pertenecemos a una generación que padecimos una educación con un modelo claramente autoritario y que hoy disfrazamos cayendo en cierta tendencia permisiva con nuestros hijos.

Desde pequeñitos sabíamos lo que estaba bien y lo que estaba mal, hasta dónde se podía llegar ya hasta donde no. En definitiva, nuestros padres nos enseñaron un sistema de valores que conocíamos y entendíamos. Sin embargo la educación, tanto por parte de las familias, como por parte del sistema educativo, se sustentaban en un modelo autoritario. Es decir, se introducían gran cantidad de reglas y normas, esperando una obediencia estricta sin explicación. Las cosas eran así porque el profesor lo decía, porque mi padre me lo había mandado, o simplemente porque sí.

Aún así, el modelo funcionaba. Y fuimos muchos los que sin grandes traumas aprendimos unos principios morales que nos ayudaron no sólo a vivir sino a integrarnos positivamente en nuestra sociedad.

Todavía recuerdo el gran respeto que me producía desobedecer a mis padres. El miedo a hacer algo mal en la calle, y que un señor o una señora me a viesen y me amenazasen con decírselo a mi padre. ¡Qué diferencia con nuestros actuales días!. Te vez que te arañan el coche y si te atreves a decirles algo…, te quedas con el miedo a que puedan decirles algo a sus padres.

¿Y los profesores?. Esos siempre tenían la razón. Si te reñían sería por algo: - ¡algo malo habrás hecho! –. Y que no quisieran hablar con mis padres…

Sin embargo, es cierto que aunque el modelo funcionara, creaba personas temerosas e inseguras. Y que en un mundo racional y en el que cada vez más se trata de convencer y no de imponer, el modelo hacía aguas por todas partes.

Muchos fueron los que se comprometieron que esos comportamientos no los repetirían con sus hijos, y presas de esa corriente comprehensiva y democrática cayeron en nuestro actual padecimiento, el modelo permisivo: el padre colega, el padre amigo o el padre esclavo de su hijo. Se pasó del sometimiento de la autoridad paterna al padecimiento de la tiranía de los hijos.

padre permisivo ¿Y que nos hizo llegar a este error?. Las razones, aunque ya apuntadas, son diversas. En primer lugar deberíamos apuntar al complejo de repetir los roles vividos. En segundo lugar el haber entendido equivocadamente un modelo mucho más difícil de aplicar: el democrático.

Este modelo propugna una transmisión de los valores asentados en la reflexión conjunta padre-hijo. Procura la autonomía de los hijos al mismo tiempo que impone normas y reglas explicando las razones de las limitaciones y prohibiciones y procurando su cumplimiento. Y es esa la parte que algunos padres acostumbran a olvidar, la de exigir el cumplimiento de las normas, aunque posteriormente se le expliquen los porqués.

Otra parte más importante de este modelo es el de la negociación. Los asuntos, problemas, normas… se pueden negociar. Pero negociar es alcanzar por ambas partes acuerdos en las que ambas partes pierden algo en beneficio de un bien común. En esa negociación, es donde debemos hacer ver a nuestros hijos las razones de las normas. Pero además, no todo es negociable, y esto debe quedar muy claro desde el principio. Hay deberes y límites que nunca deben negociarse. Y este es otro error frecuente de los padres actuales. Los hijos deben conocer claramente los límites impuestos, y que éstos tienen un sentido, aceptándolos porque los comprenden.

¿Y en qué situaciones nos hallamos cuando estas normas y estos límites no están claramente definidos?. Es el modelo que frecuentemente se conoce como el permisivo. El padre-colega, víctima de la tiranía de su hijo. Padres que raramente son capaces de imponer límites y normas, y que no son capaces de imponer el cumplimiento de las normas a los hijos. Padres que ceden a los chantajes, a las pataletas y a las imposiciones de los hijos. Y ceden por comodidad, por cansancio o simplemente por impotencia.

Este padre amigo y colega se va haciendo desde que el hijo es muy pequeño, no imponiéndose desde el principio y cediendo a las pataletas. A todos se nos viene a la mente algún espectáculo vergonzoso que hemos tenido que presenciar en algún centro comercial, en el que algún padre se ha visto vencido por miedo a la vergüenza o “al qué dirán” cuando el pequeño ha montado el número. Y es que hay que tener claro que ante estas situaciones, no siendo conscientes que poco a poco irán quedando al margen, no habiendo sido capaces de transmitir a sus hijos unos principios morales que les defiendan de los peligros de la propia vida.

Recuerdo que en mis años más difíciles de adolescencia, un amigo de mi padre le aconsejó con buena intención: – sé más amigo de tu hijo –. A lo que mi padre respondió: – es que no puedo ser su amigo porque soy su padre.

padre e hijoAhora que yo soy el padre, entiendo lo que mi padre quiso decir. Porque es mucho más importante ser padre que ser amigo. También exige mucho más, y sobre todo exige responsabilidad, al mismo tiempo que comprensión y amor. Pero por encima de todo, de mucha capacidad de perdonar.

Se me viene a la cabeza ese dicho que dice: “Ámame cuando menos lo merezca, ya que es cuando más lo necesito”, y que yo utilizaba para explicar a los padres de mis alumnos el momento que se les avecinaba con la adolescencia de sus hijos. Sin embargo, todo ese cariño exige responsabilidad. La responsabilidad de poner límites, de acordar soluciones y sobre todo de responder por los actos personales.

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Quiero complementar al artículo con este video, que en forma de broma, nos habla de cómo el padre después de la pataleta del hijo piensa en cómo no usó un condón para evitar vivir eso…

Se toma una realidad para crear una necesidad!!!!!!!!!!. Y esta triste realidad es que vamos formando hijos que hacen lo que les da la gana y que a la larga nunca sabrán obedecer, no se forjarán la autonomía necesaria para convivir, aquellos límites que los harán actuar.

Que el Señor los bendiga y guarde…

Luis Antonio

martes, 6 de octubre de 2009

Las relaciones conyugales y su influencia en la educación de los hijos

Este artículo es un llamado de atención para quienes no vemos que el problema educativo de nuestros hijos es por nuestra culpa… por nuestro egoísmo, nuestras frustraciones, nuestros temores y rencores…

Si en la pareja hay armonía, los niños crecerán en un ambiente sano.

Hay varios componentes que caracterizan a una pareja armónica. El primero y fundamental es el amor. El amor es la base sobre la cual se construye la vida conyugal. Cuando el amor se enfría o desaparece, la vida de la pareja se resquebraja.

andre-lechiguero-y-familia El amor trae consigo la felicidad, el buen humor, el deseo de vivir y de transmitir esa alegría a los que nos rodean, especialmente a los hijos. Una pareja feliz se nota en los gestos, en la mirada y en su forma de actuar.

Cada uno de los miembros de la pareja debe tener la libertad suficiente para elegir y decidir qué es lo que quiere hacer, y ambos deben intentar que se realice. El hecho de que uno de los dos se sienta frustrado, o que por culpa del otro no pueda realizar lo que verdaderamente quisiera, provoca un resentimiento que, a la larga, perjudicará la vida común.

Poder compartir plenamente la vida con su cónyuge, comentar, participar de los problemas y alegrías del otro, hacen que la vida de pareja alcance su plenitud. Todo esto ayuda a una buena comunicación.

Es importante que ambos discutan los criterios educativos que se aplicarán a los hijos. Deben llegar a un acuerdo y no deben contradecirse en presencia de los hijos.

La familia tiene una función importante: la función educadora, que sólo se puede desarrollar de manera armónica y progresiva, si existe una relación igualmente armónica y progresiva entre los cónyuges.

¿En qué se reconocen los hijos de una pareja armónica?

Podemos describir a un niño sano, de una pareja armónica, de la siguiente manera:

  1. Es equilibrado: no presenta demasiados altibajos en su comportamiento, y exterioriza sus emociones normalmente.
  2. Es sociable: es capaz de relacionarse con los que lo rodean. No presenta una timidez excesiva, ni agresividad marcada o irritabilidad.
  3. Presenta un desarrollo armónico: va adquiriendo las características que corresponden a cada edad. Crece en todos los aspectos: físico, social, afectivo, intelectual y moral, de manera normal y tranquila.
  4. Tiene un buen rendimiento escolar: el niño aprende fácilmente, no tiene trabas ni bloqueos que impidan el aprendizaje.
  5. Suele ser maduro afectivamente: sabe cómo relacionarse con las personas que lo rodean. Soporta las frustraciones que se le puedan presentar, y resuelve situaciones que a veces son conflictivas.
  6. No suele tener problemas de lenguaje: aprende a hablar a su tiempo. No tartamudea y se expresa correctamente.

No siempre se dan todas las características anteriores en un niño sano psicológicamente, hijo de una pareja bien constituida. Todo padre debe reflexionar acerca de ellas, porque son los objetivos de la educación de los hijos.

j0289917 Todos hemos aceptado el principio de que no hay amor más grande que el de los padres por sus hijos, pero basta con la observación cotidiana, para evaluar lo grande que también es el amor de los niños por sus mayores. Es un amor absoluto y feliz, sin reservas ni angustias. Un amor hecho de confianza y adoración, de fe en la perfección de la persona que se ama.

Esto se da en niños pequeños para quienes el mundo es un lugar de juego, poblado de seres infalibles que saben nutrir, abrigar, mimar, curar los males, enseñar muchas cosas, resolver las dificultades, apartar lo que lastima, elogiar, y a veces castigar.

Esta maravillosa confianza subsiste hasta que el adulto lo traiciona y el niño lo advierte. Aparece entonces, la primera mentira del niño, aunque sea pequeñísima, dictada por el recuerdo de un castigo no comprendido o desproporcionado, y más tarde el primer secreto confiado a un amigo y no a los familiares, a quienes ya se teme o se desconfía.

En el niño, estos cambios se producen poco a poco, y sin que él mismo se dé cuenta. Pero no faltan las desilusiones violentas y reveladoras, cuando advierte, por ejemplo, que los adultos discuten con frecuencia, que se complacen en pequeñas intrigas, y que hablan mal de personas, que no obstante, son queridas y simpáticas.

El niño comprende mucho más rápido y de manera profunda, y sufre con más intensidad de lo que comúnmente se cree, mientras que los padres lo consideran demasiado pequeño para entender sus conversaciones y discusiones.

Cuando las preocupaciones son el tema dominante de las conversaciones, cuando la actitud de los mayores se vuelve tensa, y el ambiente familiar se satura, el niño se siente confuso y culpable de vivir.

j0422200 Con frecuencia se emplea, en presencia del niño, un lenguaje excesivo, melodramático, que le da la impresión de que él es un peso y hasta un ser indeseable. No es raro escuchar expresiones como: “Vete a tu cuarto. Mamá y yo tenemos que hablar”. “Los niños no deben oír las conversaciones de los mayores”. “Yo no puedo salir, debo quedarme en casa a cuidar a los niños”. “¡Qué cansancio!. Estos niños me agotan”.

Es indispensable que los niños sientan a su alrededor una atmósfera de felicidad, y sepan que ésta se debe a ellos, a su presencia. Los niños no solamente tienen necesidad de alimento, sino de todo un clima de afecto y seguridad, que normalmente proporciona el amor recíproco y visible de los padres. Por lo tanto, es evidente que la primera víctima de los conflictos conyugales, es el hijo.

Entre las situaciones más penosas para el niño, se encuentra la separación de sus padres. En el plano afectivo, las consecuencias del divorcio son evidentes. Los hijos de parejas separadas suelen tener problemas educativos y de afectividad.

niño que llora Hay otras situaciones que afectan a los niños, como son las compensaciones y defensas de sus padres frente a los conflictos de pareja. Por ejemplo, el olvido, las actividades sociales muy frecuentes, la ocupación profesional exagerada y la huida en el alcohol.

RECORDEMOS… son los padres con sus actitudes, los que más van a influir a la conducta y la personalidad del niño, puesto que son los que, en primer lugar, constituyen el medio en que se desenvuelven los niños.

Si efectivamente son las conductas de los padres las que más influyen en el niño, es evidente que educar a un hijo es igual a educarse a sí mismo, nunca se debe discutir delante de los hijos, ni lanzar expresiones que puedan resultar confusas o dolorosas para el niño.

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Pidamos perdón antes de continuar…

Luis Antonio

Qué hacer cuando los hijos se alejan de Dios

Desde el portal de la Familia.info comparto este importante artículo que nos habla de aquellas etapas de la vida en la que hemos optado por aquella “moda” de no creer en Dios y en nada que se le relacione. Como toda moda, esta es pasajera, pero debemos estar preparados si se diera el caso.

Particularmente pienso que el ejemplo es lo más importante y vital respecto a la formación de la fe en nuestros propios hijos. Participar en familia en las distintas celebraciones litúrgicas – en el colegio y la parroquia –, o las propuestas según el calendario litúrgico particular – procesiones, misas de campaña, representaciones, etc. – nos brindan un espacio familiar íntimo, único, irrepetible y vital para transmitir la fe a nuestros hijos.

En momentos que nuestra fe es atacada por la cultura del sentir y la muerte, reforcemos esta dimensión espiritual dentro de la familia. Leamos con atención…

vela Qué hacer cuando nuestros hijos se alejan de Dios

Preocupa enormemente a los padres cuando sus hijos adolescentes o jóvenes toman una postura negativa ante Dios, teniendo en cuenta que en el hogar se les transmitieron los valores religiosos y años después, cuando alcanzan un poco de autonomía, libertad y razón, han decidido rechazar todo lo que represente Dios.

Cuando esta situación se presenta en las familias, algunos padres pueden reaccionar de manera coercitiva obligando al hijo a asistir a Misa o a las diferentes celebraciones religiosas. Otros padres optarán por dejarlo que se aparte y que él mismo vuelva a encontrase con Dios.

Partiendo de la base que no es fácil esta dificultad con los hijos, lo importante es obrar de una manera adecuada para impedir que ese alejamiento se aumente, pues muchas veces la sola reacción de los padres es la que hace que los chicos se aparten aún más.

Antes de explicar qué hacer cuando sucede esta problemática, debemos analizar previamente algunos factores determinantes:

La fe tiene varias etapas

La fe también tiene un ciclo natural en la vida del ser humano. Así como explicaba el Padre Calixto en su artículo para el periódico El Colombiano: “Nuestra vivencia religiosa discurre por cuatro etapas: Aquella fe de la primera Comunión. Una segunda que vivimos durante la adolescencia, llena de incertidumbres y altibajos. Otra más, que se esfuma y puede morir en nuestra edad adulta. Y quizás una cuarta: Fe recobrada, cuando ayudamos a los hijos en sus tareas de religión”.

Rebeldía, característica propia de los adolescentes

familia y dios En esta etapa de la vida, los seres humanos atraviesan una etapa de inconformismo y un querer cambiar el statu quo. Muchas veces, ni siquiera saben contra qué se están rebelando, pero es esa búsqueda de identidad que ronda en sus mentes, la que los impulsa a desestabilizar todo lo que los rodea, incluso sus padres. Hay casos en que ni siquiera se rebelan ante Dios, sino ante sus propios papás, los cuales se convierten para ellos en una amenaza constante durante la adolescencia.

Si entendemos este contexto, podemos darnos cuenta de que la raíz del problema es otro y no necesariamente tiene que ser Dios.

Malas influencias

Una persona cercana a nuestro hijo, puede estar haciendo las veces de cuestionador de la fe. No nos olvidemos que durante la adolescencia y/o juventud los amigos son las personas más influyentes en nuestros hijos. Y una mala amistad puede hacer mucho daño. Cuando veamos cierto rechazo de nuestro hijo hacia la religión, comencemos a indagar sobre sus amistades, conozcámoslos, invitémoslos a casa y ojalá tengamos algún contacto con sus familias.

Si confirma que este es el problema, ni se le ocurra prohibir esta amistad, lo único que logrará será sentar una guerra con su hijo. Tendrá que usar otras tácticas más sutiles que lo alejen de esa inconveniente persona.

El control extremo

Ya no son niños y eso debe quedar muy claro. Ellos han crecido y son personas que pueden razonar, elegir y tienen poder de decisión, aunque todavía sean inmaduros. Cuando ejercemos un control extremo sobre los hijos, se nos puede devolver en nuestra contra. A estas edades, se supone que hemos educado en valores y confiamos en la educación que le hemos infundido a lo largo de estos años. Por tanto, no es recomendable obligarlos ni imponerles la religión, pues terminarán objetándola.

¿Qué hacer entonces?

1. Acompañarlos, nunca dejarlos solos

No nos engañemos, cuando nosotros mismos pasamos por la etapa adolescente también pudimos haber sentido desasosiego y algo de rebeldía. Así que hagamos un esfuerzo por comprender al hijo y acompañarlo en este proceso.

2. Nada de reproches y regaños

Aunque sabemos que nuestro hijo está equivocado, no es motivo para hacerle reproches o comentarios que lo hagan sentir mal. Este tema no se debe convertir en un tormento ni un espacio de “cantaleta” y regaños. Por el contario, el diálogo ameno y positivo le dará mejores resultados.

3. Nuestro ejemplo y coherencia

No hay mejor educador que el ejemplo. Debemos ser coherentes con la Palabra de Dios y hacer que nuestras obras sean acordes a lo que profesamos. Si los hijos ven que tratamos bien a las personas, somos honestos, respetuosos, responsables, pacientes, caritativos, amorosos, ellos captarán el mensaje y terminarán aceptando los beneficios de tener a Dios en la vida.

Familia canta y da las ofrendas en la misa 4. Hablarles positivamente de Dios, como un amigo, no como un castigador

Debemos transmitirles a los hijos la enseñanza de Dios de forma positiva, pues el Señor nos quiere a todos y perdona nuestras fallas. Presentémosle a Jesús como su amigo, su compañía, su protector.

5. Rezar por nuestros hijos

Por último, lo mejor que podemos hacer, es rezar por nuestros hijos, encomendárselos a la Virgen María para que vuelvan y se acerquen de nuevo al Señor.

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No tengamos miedo si es que nos tocara vivir esta realidad. No sólo recemos por nuestros hijos, es rezar también por nosotros padres para que se nos de el entendimiento y la fortaleza para seguir llevando a nuestros hijos por el camino de la fe.

Que el Señor los bendiga y los guarde…

Luis Antonio