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martes, 6 de octubre de 2009

Qué hacer cuando los hijos se alejan de Dios

Desde el portal de la Familia.info comparto este importante artículo que nos habla de aquellas etapas de la vida en la que hemos optado por aquella “moda” de no creer en Dios y en nada que se le relacione. Como toda moda, esta es pasajera, pero debemos estar preparados si se diera el caso.

Particularmente pienso que el ejemplo es lo más importante y vital respecto a la formación de la fe en nuestros propios hijos. Participar en familia en las distintas celebraciones litúrgicas – en el colegio y la parroquia –, o las propuestas según el calendario litúrgico particular – procesiones, misas de campaña, representaciones, etc. – nos brindan un espacio familiar íntimo, único, irrepetible y vital para transmitir la fe a nuestros hijos.

En momentos que nuestra fe es atacada por la cultura del sentir y la muerte, reforcemos esta dimensión espiritual dentro de la familia. Leamos con atención…

vela Qué hacer cuando nuestros hijos se alejan de Dios

Preocupa enormemente a los padres cuando sus hijos adolescentes o jóvenes toman una postura negativa ante Dios, teniendo en cuenta que en el hogar se les transmitieron los valores religiosos y años después, cuando alcanzan un poco de autonomía, libertad y razón, han decidido rechazar todo lo que represente Dios.

Cuando esta situación se presenta en las familias, algunos padres pueden reaccionar de manera coercitiva obligando al hijo a asistir a Misa o a las diferentes celebraciones religiosas. Otros padres optarán por dejarlo que se aparte y que él mismo vuelva a encontrase con Dios.

Partiendo de la base que no es fácil esta dificultad con los hijos, lo importante es obrar de una manera adecuada para impedir que ese alejamiento se aumente, pues muchas veces la sola reacción de los padres es la que hace que los chicos se aparten aún más.

Antes de explicar qué hacer cuando sucede esta problemática, debemos analizar previamente algunos factores determinantes:

La fe tiene varias etapas

La fe también tiene un ciclo natural en la vida del ser humano. Así como explicaba el Padre Calixto en su artículo para el periódico El Colombiano: “Nuestra vivencia religiosa discurre por cuatro etapas: Aquella fe de la primera Comunión. Una segunda que vivimos durante la adolescencia, llena de incertidumbres y altibajos. Otra más, que se esfuma y puede morir en nuestra edad adulta. Y quizás una cuarta: Fe recobrada, cuando ayudamos a los hijos en sus tareas de religión”.

Rebeldía, característica propia de los adolescentes

familia y dios En esta etapa de la vida, los seres humanos atraviesan una etapa de inconformismo y un querer cambiar el statu quo. Muchas veces, ni siquiera saben contra qué se están rebelando, pero es esa búsqueda de identidad que ronda en sus mentes, la que los impulsa a desestabilizar todo lo que los rodea, incluso sus padres. Hay casos en que ni siquiera se rebelan ante Dios, sino ante sus propios papás, los cuales se convierten para ellos en una amenaza constante durante la adolescencia.

Si entendemos este contexto, podemos darnos cuenta de que la raíz del problema es otro y no necesariamente tiene que ser Dios.

Malas influencias

Una persona cercana a nuestro hijo, puede estar haciendo las veces de cuestionador de la fe. No nos olvidemos que durante la adolescencia y/o juventud los amigos son las personas más influyentes en nuestros hijos. Y una mala amistad puede hacer mucho daño. Cuando veamos cierto rechazo de nuestro hijo hacia la religión, comencemos a indagar sobre sus amistades, conozcámoslos, invitémoslos a casa y ojalá tengamos algún contacto con sus familias.

Si confirma que este es el problema, ni se le ocurra prohibir esta amistad, lo único que logrará será sentar una guerra con su hijo. Tendrá que usar otras tácticas más sutiles que lo alejen de esa inconveniente persona.

El control extremo

Ya no son niños y eso debe quedar muy claro. Ellos han crecido y son personas que pueden razonar, elegir y tienen poder de decisión, aunque todavía sean inmaduros. Cuando ejercemos un control extremo sobre los hijos, se nos puede devolver en nuestra contra. A estas edades, se supone que hemos educado en valores y confiamos en la educación que le hemos infundido a lo largo de estos años. Por tanto, no es recomendable obligarlos ni imponerles la religión, pues terminarán objetándola.

¿Qué hacer entonces?

1. Acompañarlos, nunca dejarlos solos

No nos engañemos, cuando nosotros mismos pasamos por la etapa adolescente también pudimos haber sentido desasosiego y algo de rebeldía. Así que hagamos un esfuerzo por comprender al hijo y acompañarlo en este proceso.

2. Nada de reproches y regaños

Aunque sabemos que nuestro hijo está equivocado, no es motivo para hacerle reproches o comentarios que lo hagan sentir mal. Este tema no se debe convertir en un tormento ni un espacio de “cantaleta” y regaños. Por el contario, el diálogo ameno y positivo le dará mejores resultados.

3. Nuestro ejemplo y coherencia

No hay mejor educador que el ejemplo. Debemos ser coherentes con la Palabra de Dios y hacer que nuestras obras sean acordes a lo que profesamos. Si los hijos ven que tratamos bien a las personas, somos honestos, respetuosos, responsables, pacientes, caritativos, amorosos, ellos captarán el mensaje y terminarán aceptando los beneficios de tener a Dios en la vida.

Familia canta y da las ofrendas en la misa 4. Hablarles positivamente de Dios, como un amigo, no como un castigador

Debemos transmitirles a los hijos la enseñanza de Dios de forma positiva, pues el Señor nos quiere a todos y perdona nuestras fallas. Presentémosle a Jesús como su amigo, su compañía, su protector.

5. Rezar por nuestros hijos

Por último, lo mejor que podemos hacer, es rezar por nuestros hijos, encomendárselos a la Virgen María para que vuelvan y se acerquen de nuevo al Señor.

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No tengamos miedo si es que nos tocara vivir esta realidad. No sólo recemos por nuestros hijos, es rezar también por nosotros padres para que se nos de el entendimiento y la fortaleza para seguir llevando a nuestros hijos por el camino de la fe.

Que el Señor los bendiga y los guarde…

Luis Antonio

viernes, 7 de agosto de 2009

Juan Pablo II y el matrimonio

Desde su pontificado, Juan Pablo II quiso hacer entender al mundo la importancia de las relaciones humanas; en ese aspecto, resaltó el papel de la familia como núcleo social fundamental para la construcción de valores y principios morales; las siguientes son algunas de las reflexiones del Sumo Pontífice en torno a ella:

  • "La familia está llamada a ser templo, o sea, casa de oración: una JuanPabloII-6oración sencilla, llena de esfuerzo y ternura. Una oración que se hace vida, para que toda la vida se convierta en oración".
  • "A una familia que hace oración no le faltará nunca la conciencia de la propia vocación fundamental: la de ser un gran camino de comunión".
  • "La familia es para los creyentes una experiencia de camino, una aventura rica en sorpresas, pero abierta sobre todo a la gran sorpresa de Dios, que viene siempre de modo nuevo a nuestra vida".
  • "El hombre es esencialmente un ser social; con mayor razón, se puede decir que es un ser familiar".
  • "El futuro depende, en gran parte, de la familia, lleva consigo el porvenir mismo de la sociedad; su papel especialísimo es el de contribuir eficazmente a un futuro de paz".
  • Que toda familia del mundo pueda repetir con verdad lo que afirma el salmista: "Ved qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos" (Sal 133, 1).
  • "El matrimonio y la familia cristiana edifican la Iglesia. Los hijos son fruto precioso del matrimonio". (Familiaris Consortio 14, 16)
  • La acogida, el amor, la estima, el servicio múltiple y unitario -material, afectivo, educativo, espiritual- a cada niño que viene a este mundo, debería constituir siempre una nota distintiva e irrenunciable de los cristianos, especialmente de las familias cristianas; así los niños, a la vez que crecen "en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres", serán una preciosa ayuda para la edificación de la comunidad familiar para la misma santificación de los padres. (Familiaris Consortio, 1981)
  • La familia es "base de la sociedad y el lugar donde las personas aprenden por vez primera los valores que les guían durante toda su vida".
  • "Los padres tienen derechos y responsabilidades específicos en la educación y la formación de sus hijos en los valores morales, especialmente en la difícil edad de la adolescencia".
  • "Los padres de familia que tienen la responsabilidad de la educación humana y cristiana de los hijos, confiando también en la ayuda experta de educadores y catequistas serios y bien formados".
  • "Ayudad a vuestros hijos a salir al encuentro de Jesús, para conocerlo mejor y para seguirlo, entre las tentaciones a las que están continuamente expuestos, sobre el camino que lleva a la auténtica felicidad".
  • "Todos los católicos, en especial los casados deben ser los primeros en testimoniar la grandeza de la vida conyugal y familiar con una acción catequética y educativa más incisiva y constante, que permita incentivar el ideal cristiano de comunión conyugal fiel e indisoluble".
  • "Políticas familiares basadas en la esterilización masiva, en la promoción del aborto o del divorcio producen «resultados dramáticos»: la desintegración de la célula fundamental de la sociedad".

La familia es entonces medio y fin para nuestro trabajo y nuestro compromiso cristiano.

Luis Antonio

jueves, 23 de julio de 2009

¿Necesitamos formarnos?

La respuesta es SI, necesitamos formarnos como padres. Comparto este "relato" con Mafalda, en la búsqueda de ser mejores padres, aprendiendo a serlo, vean por qué:


¿Será esa la idea que tienen los hijos de sus padres?.

No estamos preparados para ser papás, esa es la frase recurrente que escucho en la Escuela de Padres. Hemos reconocido que necesitamos formarnos para ser mejores padres. ¿Por qué?

Porque nos ha tocado ser la figura que Dios necesita para que la familia sea el ámbito de formación de personas que transformen el mundo a la luz del Evangelio, convirtiéndonos en maestros en una escuela de amor donde se comparte las alegrías, las penas, anhelos y esperanzas, compromisos, etc., esa escuela es la FAMILIA, ámbito perfecto del desarrollo de los hijos, verdadera escuela de amor y virtudes.

Reflexionemos e interioricemos esto, para hacerlos propios, motor y motivo de nuestra vocación de ser padres de familia.

Luis Antonio

Esposos y Padres

Soy esposo y padre, con la alegría de serlo y recordarlo cada mañana al despertar a lado de mi esposa e ir a ver a los hijos durmiendo todavía, contemplarlos, besarles sin despertarlos y decirles bajito que los "quiero mucho".

Junto a mi esposa Margarita tenemos la gracia de ser padres de Luciana y Piero, quienes alegran nuestra vivencia diaria, de alegrías o desencantos, responsabilidades y retos, de frustraciones a veces o logros los más.

Dios ha puesto este reto en nuestro proyecto familiar, de compartir esta vivencia con ustedes y llevarles el mensaje de amor de Dios, que seamos felices en nuestra vida haciendo felices también a quienes amamos desde esta "escuela de amor" que es la familia.

¿Se puede lograr esto?. Por supuesto que SI. Es cosa de proponernos con empeño, dejando de lado todas aquellas "frustraciones" que se esconden en nuestro corazón sutilmente, ser verdaderos esposos y padres. Te recuerdo que estas frustraciones no nos hacen ser felices ni menos nos permiten hacer felices a quienes amamos de verdad.

Esta es la razón entonces de este nuevo Blog, no uno más, sino un medio más para decir que la familia es el único ámbito perfecto del desarrollo de los hijos reconociendo esta tarea como noble, importante y sagrada.

Estaremos compartiendo de aquellos temas que esperamos nos hagan crecer como la FAMILIA FELIZ que Dios quiere hoy para nosotros.


Luis Antonio

En la foto parte de mi familia