Un espacio dónde crecer como esposos y padres, buscando la felicidad en pareja y en familia junto a nuestros hijos, Don de Dios. Oremos diciendo "Señor Padre Celestial haz que tu gracia guíe a los pensamientos y las obras de los esposos hacia el bien de sus familias y de todas las familias del mundo. Haz que las jóvenes generaciones encuentren en la familia un fuerte apoyo para su humanidad y su crecimiento en la verdad y en el amor". Juan Pablo II
jueves, 3 de abril de 2014
Sacramento del Matrimonio. Catequesis del Papa Francisco
El buen matrimonio
martes, 29 de junio de 2010
La pareja en la familia
La madre Teresa de Calcuta, al hablar sobre la FAMILIA opinaba: "Creo que nadie se da cuenta de lo importante que es la FAMILIA, si pudiéramos llevar de nuevo el amor a la FAMILIA, el mundo cambiaría?"
Mi nombre es Pablo y quisiera compartir con ustedes la experiencia y aprendizaje que tuve hace algunos ayeres, cuando todavía era soltero, joven y bello. En una ocasión, me invitaron a asistir a unas pláticas muy especiales e interesantes, fui acompañado por una chica llamada Norma, que en ese entonces era mi novia. Puedo asegurarles que la lección originada ese día impactó muchísimo nuestra vida.
No recuerdo con exactitud el tema tratado en esa ocasión, pero lo que sí tengo presente con mucha claridad es la dinámica que se aplicó aquí.
La persona que daba la clase nos pidió que nos sentáramos todos en círculo, y a Norma y a mí nos indicó que nos sentáramos juntos; entre bromas y risas obedecimos, a lo que la instructora comentó:
- "Bueno, supongamos que Pablo y Norma se acaban de casar".
Ambos nos miramos con los ojos muy abiertos y tragamos saliva.
Sin prestar mucha atención a nuestro desconcierto continuó:
-"Ellos han decidido construir su hogar, han establecido sus normas y comienzan una etapa de felicidad. Con el tiempo viene su primer hijo.
-Llamaron a uno de los jóvenes y le pidieron que se sentara entre nosotros
- Norma y Pablo le dan la bienvenida a su hogar y le tratan con mucha ternura y cariño.
Pero, como suelen ser las cosas, tienen entonces a otro hijo
-Pidieron a otro de los jóvenes que se sentara al lado de su ’hermano’, entre nosotros
- La FAMILIA va creciendo, y tienen buenas normas. Los chicos se tratan con mucho cariño y los papás vigilan que no haya riñas entre ellos. Son muy buenos padres y literalmente dedican su vida a ellos.
Norma y yo nos vimos en esa ocasión muy productivos, porque tuvimos unos tres o cuatro hijos más. En cada ocasión pidieron a alguno de los jóvenes o jovencitas que se sentaran en medio de nosotros para darles la bienvenida.
-"El tiempo pasa -continuó la instructora- y llega el día en que los hijos hacen su propia vida. Primero, Julio se casa y forma su propio hogar ("Dejara el hombre a su padre y a su madre") ¡Vamos, déjalos, Julio!, ahí deja tu silla’".
Julio, nuestro primer ’hijo’, se levantó y ocupó su nuevo lugar.
-"También Marthita y Linda encuentran buenos partidos y se casan".
Las chicas se levantaron y dejaron su lugar.
Así cada uno de nuestros hijos se fue ’casando’ y dejando sus sillas vacías.
Cuando todos hubieron terminado de irse, la instructora hizo una pausa y luego dijo:
-"Ahora vean todos la distancia que ha quedado entre ellos?"
-Y calló nuevamente-.
Efectivamente, había entre nosotros una distancia enorme de sillas vacías. A mí me pareció kilométrica!!!!!!!!!!!
Muchas preguntas surgieron en mi mente ¿Que pudo haber causado ese hueco enorme?
Como si leyera mi mente, la instructora respondió entonces algunas de las preguntas que se formulaba dentro de mí.
- "Pablo y Norma han cometido un gran error, ya que han permitido que sus hijos se interpongan entre ellos. Y ahora que están de nuevo solos, si acaso, tendrán que empezar desde el principio". ¿Que habíamos hecho mal? ¿Acaso no nos habíamos dedicado con fervor a nuestros hijos? ¿O era ese el centro mismo de la construcción de una FAMILIA?
La instructora nos explicó el error de darlo todo por nuestros hijos. Explicó que la base del fundamento del hogar no son los hijos, si no la pareja y que ésta debe permanecer unida contra viento y marea.
De hecho, el mejor regalo que se puede dar a nuestros hijos es el hecho de saber que sus padres se aman y que permanecen unidos y ellos aprenden a amar en función de cómo aprenden que se aman sus padres.
Si los padres no salen juntos, si no se siguen cortejando con frecuencia, si no se hablan con ’tiernos acentos’ y si no se comunican entre ellos de manera frecuente y especial, es escasa la probabilidad de tener hijos espiritual y emocionalmente estables y, cuando ellos partan de casa, nos encontraremos incomunicados y encontraremos a nuestra pareja a una enorme distancia, sin saber del todo como recuperar lo que nuestro propio descuido ha dejado que se pierda con los años.
Y no es egoísmo, por el contrario, es un seguro de vida para ellos y para nosotros mismos.
¡Primero la pareja!
Son los hijos los que deberán acomodarse. La vida FAMILIAR tendrá que girar no en torno a ellos, sino en torno de los padres.
Los padres deben recordar que una relación de verdadero amor con su pareja es el mejor regalo que puede darles, y su principal prioridad, y su mayor herencia, y la forma de enseñarles a sus hijos a amar y de garantizar así su verdadera felicidad, temporal y eterna.
Ellos se escogieron primero, ellos dan la bienvenida como invitados a los hijos.
El día de hoy, estoy aplicando todo esto que aprendí con mi novia actual. Mi única novia, gloriosa, infinita y eterna. Ella es mi esposa.
Es más fácil darlo todo por los hijos cuando uno sabe amar y darle su lugar a la pareja, cuando tenemos los espacios necesarios para platicar, compartir y estar juntos.
Nuestra pareja es la fuente de donde uno puede extraer todas las fuerzas, alimentarse y dar fuertes y sanos frutos cada día.
Lo más importante para la sociedad debe ser la FAMILIA, porque es indispensable para crear una sociedad llena de plenitud y armonía.
Juntos subimos la cuesta de la vida. Juntos estuvimos siempre en el dolor y en la alegría. Paseamos de la mano por los jardines floridos de la primavera. Dormimos junto al fuego en los inviernos. Unidos vamos hacia lo invisible
Tal como lo cuenta, la dinámica nos muestra con exactitud de lo que sucede en muchas parejas que se olvidaron de ser esposos para terminar siendo solamente padres. Olvidamos de ser galantes los varones y de responder a esa galantería las esposas. Olvidamos de los detalles ambos. Olvidamos las fechas importantes de la pareja – aniversario de bodas, de noviazgo, de conocerse, del onomástico!!!!! – para estar atentos a las “necesidades” de los hijos o de los gastos de la familia…
Amar es perdonar, perdonar es amar
Tenemos aún el tiempo para retomar esas “pequeñeces” que hacen grande a la pareja. Pero, existe un paso previo, pienso yo, de pedirnos perdón por todas las veces que dejamos de ser pareja, de ser esposos. Sí lo podemos hacer…
Que el Señor los bendiga y los guarde…
Luis Antonio
viernes, 5 de marzo de 2010
El perdón: una historia real
Pueda ser que muchas veces el mensaje evangélico nos parece elevado, utópico, muy ideal, algo que no se puede lograr. Medimos nuestra humanidad y nos damos cuenta que “es imposible” perdonar. Y nos conformamos con vivir así, el corazón lleno de dolor.
Esta historia real nos enseña de manera única la dimensión del amor y el perdón. Es ejemplo para nosotros, porque lo que le ocurrió al protagonista – y su familia – en nada se asemeja a las cosas que algunas personas pueden hacer para ofendernos o hacernos sentir mal.
Que el Señor los Bendiga y los Guarde…
Luis Antonio
El Perdón
¿Entendemos en su plenitud qué significa perdonar?. Leamos esto tomado del Diccionario de Catequesis y Pedagogía Religiosa del Hno. Pedro Chico FSC:
El perdonar es una valor humano de gran arraigo cristiano, pues es la disposición que Jesús reclamó al decir que hay que perdonar “hasta setenta veces siete” (Mt. 18.22). Para el cristiano el perdón representa la fortaleza del alma, es el olvido generoso del que se habla en el Nuevo Testamento. El hombre posee esa capacidad de olvidar.
Es una actitud de la voluntad y del sentimiento de borrar una deuda, una ofensa o una situación molesta para una persona. El perdón supone una opción de la voluntad por la cual implica una superación suficiente de los instintos naturales que tienden a responder con las mismas formas como uno ha sido tratado. Es sinónimo de indulgencia, remisión, tolerancia, comprensión y olvido.
En una de mis charlas en la Escuela para Padres en el colegio Santísimo Salvador hablamos de la necesidad que tiene el hombre de perdonar, de sentirse libre de ataduras que lo llevan a odiar y sentirse con aquella carga innecesaria. Afirmamos que para poder perdonar tenemos que amar o volver a amar, porque si reconozco que amo a esa persona lograré perdonarla de aquella acción que cometió.
¿Será por eso que nos hacemos tanto daño al no perdonar?. Nos sentimos tan ofendidos, molestos, dolidos que perdemos la dimensión del amor, dejamos de ser nosotros, imagen de Dios, para convertirnos en testimonio de dolor, amargura, lejanía.
¿Podemos perdonar?. Si, porque es una necesidad humana. Este video nos ofrece el mensaje evangélico del perdón…
Si Cristo en la agonía del Calvario pidió perdón por sus verdugos, por qué nosotros, hijos de ese Dios que es amor, no perdonamos…
Actividad:
¿Tienes en el corazón algún peso de más que es fruto de ese no perdonar?. Vas a Misa, participas en el grupo parroquial, das limosna, pero has dejado de hablarle a tu hermano, a tu vecino, a tu amigo por algo que pasó. No has perdonado.
Te invito a que te pongas en la presencia de Dios y medites y ores para que te de la fuerza para buscar a esa persona y la perdones por lo que pudo haberte hecho y puedas sentirte libre en el amor.
Que el Señor te Bendiga y te Guarde…
Luis Antonio
martes, 2 de febrero de 2010
Tenía el cielo en la tierra y lo perdí
No es un cuento de ficción, aunque parece. Es el relato de un hombre que perdió todo por la fragilidad de su voluntad. Olvidó la decisión de ser uno con su pareja y al final dejó de ser él mismo, dejó de ser esposo y padre y se extravió.
La conocí en mi oficina, era una muchacha con unos años menos que yo; y sin ser una belleza, no era fea; y además con un cuerpo muy bonito; simpática, y muy sensual. También goza de gran inteligencia. Yo la admiraba porque también era muy eficiente en su trabajo. Nunca pasó por mi mente el tener algo que ver con ella. Adicionalmente, nunca había sido infiel a mi esposa, quizá porque siempre he sido del tipo hogareño, y más bien tímido.
Sin embargo las circunstancias se dieron cuando la naturaleza del trabajo giró, y lo que pareció un resbalón accidental de ella, que ahora pienso no fue tan accidental, nos obligó a afianzarnos uno al otro. De ahí en adelante se abalanzaron ciertas ideas en mi mente que poco a poco se fueron haciendo realidad, hasta que un día, cegados por la pasión, ni yo ni ella nos detuvimos. Un par de semanas más tarde me informó del posible embarazo, y poco después lo confirmábamos con los contundentes análisis clínicos. Empezó la zozobra para determinar que hacer. Finalmente llegamos a la decisión del aborto.
Me atreví a consultar solamente con dos personas, un amigo, y un sacerdote; el amigo no apoyó esa decisión pero me informó donde había un consultorio que con menos riesgos podría efectuarse. El sacerdote me advirtió de las consecuencias morales de tal medida, sin embargo, nos dimos prisa y la decisión se llevó a la práctica.
Desconozco si anteriormente ella ya había hecho lo mismo, pero lo dudo porque vi y sentí lo tremendamente traumático que le resultó; tardó en reponerse y yo contribuí en lo que pude en su recuperación psíquica. Cuando acudí a confesarme el sacerdote fue benévolo facilitando que se me levantara la excomunión, pero claro, me hizo comprometerme a que ya no la seguiría viendo.
De veras que lo intenté haciendo trámites para que fuésemos trasladados profesionalmente alguno de los dos. En lugar de cambiarnos, por las nuevas condiciones de trabajo, se nos dieron mayores facilidades de estar juntos.
Por entonces investigué un poco, y supe que ella se veía también con otra persona.
Hablé con ella para decirle que no nos veríamos más. Para mi sorpresa no lo aceptó, al contrario, prometió dejar al otro y expuso muchas razones; me dejé convencer. No estaba enamorado de ella, ni siquiera sé como llamarlo, creo que estaba apasionadamente enredado. De manera que verla y tratarla, era formidablemente disfrutado por mi, pero en mi interior se desgarraba mi mente y mi espíritu. Después de ella hubo otras mujeres: el tabú se había roto... y parece que el sexo es un vicio, igual que otros, difíciles de dejar.
Ahora no sé qué decirme ni a mí mismo en mis propias tribulaciones, que no son pocas. Estoy bastante seguro si digo que no pasa un día sin que me acuerde de esa decisión, y lo lamente, y me lo recrimine, y pida perdón a Nuestro Señor. La relación con mi esposa nunca fue peor; y aunque mis hijos me siguen respetando y escuchando, sé que ahora lo hacen por lo que les enseñamos antes y por su propia madurez. Son escasas las personas que disfrutan de una conversación conmigo, sólo lo ordinario. Y me pregunto ¿Porqué habrá quienes, incluso siendo médicos, ven el engaño como algo perfectamente normal?
Cómo lamento que ya no tenga yo la capacidad de dar consejos. Cómo añoro esa tranquilidad interior que me hacía sentir tan bien aun en las situaciones más difíciles. Cómo me duele haber tenido y perdido esa paz interior que me hacía sentir y gozar la intensidad de la vida y del amor.
¡Creo que estoy describiendo la pérdida de la gracia!. Esto equivale a perder una parte del corazón y de la existencia. Y lo peor ¡aún no encuentro como reparar ese daño!. Todo tiene su precio, ¡lo sabía!. Y ahora ya lo estoy comprobando. Tenía el cielo en la tierra y lo perdí".
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Es posible que quien cuente el relato sea la mujer. Al final, todo se pierde y es difícil volver a la normalidad de la vida común y a vivir otra vez la gracia de estar frente a Dios sin sentir vergüenza. Es difícil pero no imposible en la medida que no se siga cayendo en esa espiral de “vivir de los sentidos, vivir la pasión”, al aceptar tu error, tu pecado. Es pedir perdón a Dios y a quien amas, pero haciéndolo de corazón y por amor. La decisión espera…
Que el Señor los bendiga y los guarde…
Luis Antonio

